Shinova congela el tiempo mientras desata la tormenta perfecta en las Noches del Botánico
Sigo sin palabras para explicar el gran momento que viví en Noches del Botánico viendo a Shinova. Un concierto que puedo calificar como inmejorable, de los que se te quedan grabados en la memoria.
Hay algo en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII que te transporta. El olor a verde, a flores, una puesta de sol perfecta, la brisa de Madrid cuando cae el sol y esa luz de luna que inunda el escenario que parece congelar el tiempo. Cuando las luces se apagaron y empezaron a aparecer los primeros acordes del cuarteto de cuerda se me erizó la piel. La novedad que han incluido para esta gira no hace que el concierto sea más lento al contrario al contrario la cuerda se entrelaza perfectamente con las guitarras de una forma tan orgánica que me dejó sin palabras. Podría decir que las canciones de Shinova siempre hubieran pertenecido a ese formato, uniendo el rock con una melancolía bellísima.
Si no es contigo y El Álbum dieron el pistoletazo de salida a este concierto que sin duda prometía. Gabriel (cantante) comenzó dando las gracias al público por recibirlos, por hacer posible este concierto y por acoger las canciones de su último trabajo, ‘La tormenta perfecta’, con un cariño tan especial.
Es increíble cómo funciona la música. Esos temas llevan apenas unas semanas fuera y, sin embargo, mirar a la gente de alrededor y ver que todas estaban ahí cantándolas y viviéndolas te hacen darte cuenta que esas canciones ya no son de la banda; eran nuestras.

Ver a Shinova sobre el escenario siempre tiene algo de catártico. Gabriel tiene una presencia imponente, pero lo que de verdad te atrapa es que cuando canta, parece que te está mirando a los ojos y contando tu propia historia de desamor, de pérdida o de superación.
La noche estuvo cargada de grandes emociones. Escuchar la canción de Gloria, Berlín hasta terminar con Te debo una canción fueron momentos redondos. Al igual que cuando vimos a Gabriel, visiblemente emocionado por la vibración que bajaba de la grada, se detuvo, miró al mar de cabezas y soltó una frase que nos atravesó a todos “Sois lo más parecido que tenemos a una religión. Os queremos mucho”. Frase que sonó al agradecimiento más puro, de quien sabe de dónde viene y lo mucho que cuesta mantenerse en pie.
El concierto avanzó como un viaje emocional de casi dos horas, que se pasaron rapidísimo. Hubo momentos de saltar y momentos más nostálgicos como en la canción Los días que vendrán hecha para lograr un clímax perfecto entre la letra y el paisaje, todo fue perfecto.