Leiva bate sus récords y regala a Zaragoza una noche para la eternidad
Leiva triunfa en la noche zaragozana. Foto: María Tobajas
Se dice pronto, pero 23.500 personas es la impresionante cifra que reunió anoche Leiva en el Estadio Ibercaja de Zaragoza. Una velada en la que sabíamos que no iban a faltar sus éxitos de siempre acompañados de los temas de su último trabajo, que tanto nos gusta. Con el atardecer ya casi a punto de esconderse, una cuenta atrás apareció en la pantalla y el público se emocionó. No quedaba nada para ver al artista, pero antes tocaba calentar un poco las gargantas; y los allí presentes no encontraron mejor manera que al ritmo del rap de Sho-Hai en colaboración con Kase.O y su tema “Te pone bien”.
Desde que se apagaron las luces y la imponente banda de Leiva tomó posiciones, quedó claro que la noche no iba a dar tregua. El madrileño saltó al escenario con su silueta inconfundible: sombrero calado, guitarra en mano y esa actitud de “rocker” elegante que maneja como nadie. Los primeros acordes de Bajo presión desataron una ovación cerrada que se convirtió de inmediato en un rugido colectivo.
Si algo define a los directos de Leiva es la solvencia milimétrica de sus músicos. Anoche demostraron una vez más ser una de las formaciones más engrasadas del panorama nacional, envolvieron el recinto con una nitidez impecable.
El show arrancó repasando algunos de sus éxitos más coreados, como La lluvia en los Zapatos, Lobos, Terriblemente cruel o Superpoderes, provocando que la pista se convirtiera en un mar de brazos en alto. Otra de los grandes aspectos que tiene Leiva es que sabe manejar los tiempos del concierto a la perfección, sabe cuando acelerar las pulsaciones y cuando bajar las revoluciones.
El ecuador del concierto regaló los momentos más íntimos y personales de la noche. El artista se detuvo en varias ocasiones para agradecer el calor de una Zaragoza con la que tiene muchos lazos musicales y profesionales. “Parte de mi familia y mi madre es maña. Quiero creer el que éxito de este concierto es por ser de aquí”, confesó el músico. A lo que quiso añadir que Zaragoza tenía que estar en el fin de gira: “Pensaba que no íbamos a llenar porque hace unos meses estuvimos tocando en el Príncipe Felipe”, aseguró el cantante antes de colgarse su guitarra.

Fue en ese bloque más desnudo donde la sensibilidad flotó en el ambiente. El público respetó los silencios de forma religiosa cuando Leiva hizo una petición: “Durante tres minutos me gustaría que todos guardáramos los móviles y estemos en silencio completo”. Dicho y hecho. Móviles guardados y un silencio sepulcral que acabo en una ovación atronadora resonando por todo el recinto.
Cuando decimos que es una noche para el recuerdo, lo fue tanto para sus fans como para él. Un emocionado Leiva comento que había logrado un récord “es la primera vez que reunimos a tanta gente en un concierto que no sea Madrid”. Un gran hito para Zaragoza que siempre cumple. Pero la cosa no terminaba ahí; el madrileño quiso invitar a uno de sus primeros amigos dentro del mundo de la música., Iván Ferreiro, quien subió junto a su hermano para sorprender a todos con canciones como Turnedo.
Antes de cerrar con los grandes himnos que marcaron sus inicios junto a Rubén Pozo, fuimos testigos de su homenaje a Robe al cantar la canción que hicieron juntos para su último disco, Caída Libre.
Y entonces sí, llegó el clímax de la nostalgia colectiva con su era Pereza. Escuchar al unísono canciones tan icónicas desató una catarsis colectiva que hizo temblar los cimientos del Estadio Ibercaja. Con un agradecimiento eterno grabado en la sonrisa del músico, Leiva y su banda se despidieron dejando la sensación de haber asistido a una noche redonda y honesta.
No hay trampas ni cartón en la propuesta de Leiva. Sabes que si vas a verlo, vas a disfrutar de una noche de rock inolvidable; de esas que tardan días en salir del cuerpo.