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Fernando Rueda: “Hay una línea muy fina que separa la traición de la lealtad”

El autor Fernando Rueda nos traslada toda su experiencia a una novela de espionaje de alto voltaje, llamada a convertirse en una referencia de género. ‘No me llames traidor’, nos adentra en tres versiones. Una verdad imposible. Un espía que pagó el precio más alto.

‘No me llames traidor’ es una novela inspirada en la historia real de Roberto Flórez. El único espía español acusado de ser agentado en el servicio de Rusia. ¿Cómo llega a ti esta historia?

En realidad, yo vivo esta historia. Cuando surge en el año 2007, yo estuve trabajando en un medio de comunicación e investigo la historia, publico cosas sobre esa historia, etc. El problema es que esa historia acaba y es una de las muchas historias en las cuales yo me he metido y he investigado. Pero con el paso del tiempo, hay algo que me llama la atención y es que el protagonista, Roberto Flórez, niega continuamente que él sea el responsable de haber vendido los secretos a Rusia. Él dice que no les pasó ningún documento y, más aún, que jamás cobró.

Entonces, lo que me motiva de repente a ponerme en esta historia es plantearme y decir, bueno, y si fuera verdad que ha habido una conspiración contra él, y si fuera verdad que él no ha hecho nada, ¿por qué no me pongo en esa realidad? Entonces, lo que hago es avanzar en esa historia, de ahí viene el no me llames traidor, y querer contar esa parte de la historia.

Cuando estoy investigando la historia, también me doy cuenta que frente a lo que él dice de que no tiene absolutamente nada que ver, resulta que los altos mandos del servicio secreto consideran que está todo probado. Consideran que fue el cabronazo más gordo que hubo en el mundo entero, que estuvieron durante tiempo investigándolo.

Quiere decir que ellos tienen una visión radicalmente opuesta a la de Roberto Flórez. Y luego hay una tercera versión, que es que cuando yo documento e investigo las historias, de repente me doy cuenta de las mentiras, de las falsedades, de las manipulaciones, no solamente de la primera parte, sino de la segunda parte. Y entonces necesito, dentro de este thriller que todo va avanzando, necesito también ofrecer una versión un poco distinta a la de las dos anteriores. Entonces surge por esa duda, pero también luego va avanzando por otros caminos.

Me gustan las tres versiones, porque creo que al final descifra esa línea que separa al héroe del traidor, que muchas veces juzgamos creyéndonos en una parte

Yo primero fui periodista y fui periodista de investigación. Entonces yo sigo creyendo que a la gente hay que contarle las historias y que sea la gente quien decida qué es en lo que cree y qué es en lo que no cree. Entonces, en esta historia sí que lo he podido hacer.

Es verdad que la historia tiene un final, es verdad que la historia tiene un arranque, que cumple todos esos elementos, pero también es verdad que la gente que la ha leído, cada uno tiene una versión distinta de las historias. Hay quien no cree una parte, hay quien no cree a la otra y en el fondo yo como escritor estoy muy a gusto en esa posición en el cual he hecho la historia y espero a que la gente me dé su feedback con lo que piensa.

¿Cómo fue este proceso de investigar a la par que escribir el libro?

En realidad, la historia, yo cuando hago las historias, lo que hago es investigar, siempre al principio. Esto es una deformación de profesional. Me documento y hago la investigación. Es verdad que cuando hago libros de no ficción, el proceso acaba ahí y ya sigo.

Sin embargo, cuando haces una novela, resulta que la realidad de lo que vas escribiendo también te va enseñando cosas y te va haciendo dudar. Yo recuerdo un momento tremendo que yo estaba investigando al protagonista, le pasaba algo bastante gordo, tenía un problema gordo y según mi investigación no estaba claro cómo se había provocado. Y entonces yo volví a investigar nuevamente, ya habiéndose empezado a escribir el libro y entonces descubro que 20 años antes, cuando eso estaba ocurriendo, el responsable de eso que le pasa al protagonista, tanto al auténtico Roberto Flores como a mi protagonista, a Beto Romero, había sido un libro que yo había escrito en aquella época que se llamaba ‘Licencia para matar’.

Esto no me había pasado nunca. Llevo 20 libros y claro, es que no sabía que mi tercer libro había provocado ese tipo de situaciones. Bueno, al final te das cuenta de que cuando eres periodista, aunque no quieras, participas en la acción de las cosas que ocurren.

Haces ese proceso de autoficción que se hace literalmente muy poco

Yo creo que así como todos los personajes son personajes que tienen el nombre cambiado o son pura ficción, que no estuvieron en la realidad, lo que son el entorno yo creo que hay que mantenerlo, ¿no? Y entonces en ese entorno se mantiene el que era el secretario de Estado de Interior en aquel momento, Rafael Vera, Sergei Skripal, que es el agente doble ruso al que detienen por culpa de Beto Romero.

Ya sabes que todo esto es parte del arranque de la historia, por lo tanto, no hay un spoiler. Pero también te digo algo. Yo me quedé muy en shock cuando descubrí que por mi responsabilidad había pasado eso.

Pero luego también lo uní con otra historia. Y esa otra historia es que ese libro, ‘Licencia para matar’, tiene una historia larga. En resumen, ese libro había llegado a manos del servicio secreto sin que tendría el manuscrito, sin que ese manuscrito tuviera que llegar. Por lo tanto, alguien había entrado a por el libro y se lo había llevado al servicio secreto.

¿Esto qué es lo que provocó? Esto provocó que el servicio secreto supiera que yo contaba una historia que podía perjudicar a uno de sus hombres. Pero el problema, ¿cuál era? Que no me podían decir, oye, Fernando, quítalo, no pongas esto aquí, por algo muy simple. Porque habían leído el libro cuando todavía el libro no había salido publicado. Con lo cual no pudieron decir absolutamente nada.

Fernando en este libro has mostrado mucho la crueldad y las sombras del mundo de los agentes secretos sin clichés

Yo creo que al final parece que todo es un cuento, pero existen o no han existido, y al final es muy cruda la vida para ellos. Yo me siento muy a gusto cuando escribo novelas porque me permite entrar en la vida y entrar en el alma de los personajes.

En la presentación del libro en Madrid, Julia Navarro dijo algo que yo no había pensado, que yo no había visto. Ella decía que el libro tenía algo importante y es que hablaba de la condición humana y del alma de los espías, del alma de los personajes. Y decía que esas personas por dentro, esas almas, no tenían por qué gustarles, que había algunas que incluso les parecían fatal, muy negativas, pero que las entendía.

Es decir, yo es lo que pretendo. Pretendo que la gente, por un lado, entienda cuál es el ambiente en el que se mueve el mundo del espionaje. El mundo del espionaje es gente que está todo el día intentando resolver los problemas de este país, pero siempre desde la sombra, siempre desde el mundo oscuro.

Y junto a ese ambiente es muy importante entender por qué las personas, por qué los espías en este caso, la gente que vive alrededor, actúan. Y por qué hacen las cosas que hacen. Porque muchas veces son personas que sufren, son personas que tienen sus problemas personales, son personas que les apasiona y les engancha totalmente su trabajo, pero al mismo tiempo les hace sufrir muchísimo.

Es decir, son unas mezclas extrañas, pero de un mundo que a mí me parece absolutamente apasionante.

Al final ellos también se enfrentan a tomar decisiones difíciles. En el mundo de la confianza a veces es un lujo

Claro, total. Al final hay una línea superfina que separa la traición de la lealtad. Incluso muchas veces la gente tiene que tomar decisiones que a mí al principio a veces me resultan incomprensibles.

Yo me preguntaba antes de empezar a escribir, yo tenía una duda. ¿Por qué la gente traicionaría a su país? ¿O por qué la gente traiciona a sus amigos? ¿Por qué la gente traiciona en general? Y yo se lo preguntaba, y se lo preguntaba a mis amigos, se lo preguntaba a mi familia. ¿Tú por qué traicionarías a tu país? ¿Cuál es el motivo? Es verdad que muchos decían, yo por el dinero, por la pasta.

Siempre hablamos de gente que traiciona. ¿Pero qué pasaría si es tu país el que te traiciona? Si es tu país el que te deja tirado, que es una de las posibilidades que se apuntan en el libro. Y esa parte de la historia a mí me parece súper dura, súper heavy.

Al final son dos las partes que te pueden traicionar. Puedes traicionar tú o te puede traicionar tu país. Creo que eso también es muy duro tal y como lo muestras en el libro

Claro, totalmente. El otro día, me decía una persona que había leído el libro, era si tú piensas que el traidor es el agente o el traidor es el servicio secreto o el país. Pero es que es tremendo. Mi protagonista, Beto Romero, tiene una pasión por la película El juego de espías. Ahí se produce la traición, aunque sea momentánea, a tu país, porque hay alguien que lo desobedece, que hace lo que no debe, aunque lo hace por amor. Pero luego, cómo reacciona el país, lo que se plantea es, yo me voy a meter en un follón cuando le piden a los que reconozcan que ese agente es suyo. Yo me voy a meter en un follón por sacar a este estadounidense, a este agente de la CIA mío, por sacarle de allí.

Pues al final, si no pasa lo que pasa en la película, le dejan absolutamente tirado. Además, aquí, aparte de eso, se ve un mundo más actual, es la historia que hemos podido ver más, como pueden ser las negociaciones con ETA o los agentes dobles.

La época en la que está basada la novela ayuda a que el lector se sienta más conectado porque de alguna manera lo han podido vivir más de cerca

Precisamente  participé en las jornadas de terrorismo de la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León, en Valladolid. Para mí fue una experiencia como la ha sido siempre. Yo viví el tema del terrorismo, yo trabajaba en un medio de comunicación cuando a nuestro corresponsal en el País Vasco hubo que sacarle por amenazas de la banda terrorista.

Y yo creo que ese es un tema que, aunque han pasado años, es un tema que hay que hablar, es un tema que hay que contar, es un tema que todo el mundo tiene que hacer. Y yo he tenido la suerte de encontrarme aquí, en esta historia, con una parte de aquel gran mundo que era la lucha contra ETA, que además me sorprendió muchísimo. Y yo creo que es algo que la gente no conoce, que es la posibilidad de que un espía se infiltre en una organización mediadora, y que haga ese trabajo tan impresionante que hace Beto Romero, del cual no debo hacer exposición.

Pero yo sí creo que ubicar esa situación, ubicarlo en la vida real y ubicarlo en lo que realmente pasa, me ayuda a comprender, no solamente ahí, sino ayuda a recordar una época y verla desde un ángulo completamente distinto, muy nuevo e interesante. Al final la novela también es muy humana, afecta también la visión, y yo creo que es algo diferenciador en estas novelas de espías. Es que es absolutamente importante tener en cuenta que hay dos géneros, o dos ángulos, digamos, dentro del mundo del espionaje.

Uno es el ángulo de tipo James Bond, que es la aventura y la acción. Me encanta el ambiente de opulencia, de los casinos donde se desarrollan muchas acciones.

Pero ese no es el ambiente real del espionaje. El ambiente real del espionaje no es gente de mucho dinero, que a lo mejor lo puede incidir en algunos momentos. Es gente que tiene su propia visión y forma de ver la realidad y de sentirla.

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