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Arranca el Vive Latino en Zaragoza al ritmo de Alcalá Norte, Shinova y G-5

Alcalá Norte saltó al escenario del Vive Latino Zaragoza poniendo su punto más rock-punk. Foto: M.J. Gracia

La jornada inaugural del viernes en el Vive Latino arrancó en el recinto de la Expo con la urgencia del guitarrazo y la electricidad propia de las grandes citas. Con el sol poniéndose sobre el cauce del Ebro, el escenario principal se convirtió en un desfile de precisión sonora donde no hubo lugar para las concesiones.

El primer gran hito de la noche llegó con la contundencia de Alcalá Norte que cargaron el ambiente de un post-punk ruidoso y un rock directo de dos cabezas que dejó la explanada a punto de caramelo. La banda madrileña, convertida en una de las grandes revelaciones del panorama independiente reciente, saltó a las tablas sin complejos y con la urgencia que caracteriza a las propuestas de guitarras afiladas. El grupo desplegó un repertorio donde la ironía lírica, los ritmos marciales y los sintetizadores oscuros se dieron la mano. Temas como La Vida Cañón o La Calle Elfo hicieron retumbar las primeras filas, demostrando que su narrativa urbana y sus referencias culturales conectan de lleno con un público con ganas de pogo y distorsión.

Para dejar paso en el escenario más pequeño a Cala Vento que terminó de arrancar con el rock y sus temas. El anfiteatro de la expo se llenó de gente para recibir a Shinova que saltó a escena con el terreno ya caldeado, pero lejos de acomodarse, apretó el acelerador desde los primeros compases para desplegar su característico rock emocional y de grandes atmósferas. La banda conectó de inmediato con una multitud que abarrotaba el recinto de la Expo. El sonido, nítido y expansivo, sirvió de tapiz para que temas como La sonrisa intacta, Te debo una canción o Alas sonaran como auténticos himnos colectivos. Hubo un punto de comunión muy palpable entre el escenario y la pista: brazos en alto, estribillos coreados a pleno pulmón y esa sensación de catarsis tan propia de sus directos. Su actuación no solo sirvió para demostrar el altísimo estado de forma en el que se encuentra el grupo, sino que encajó a la perfección en la narrativa de la noche, funcionando como el contrapunto melódico ideal entre la rabia del rock mexicano y la fiesta tropical que estaba por llegar. Shinova volvió a demostrar por qué es una pieza imprescindible en el circuito festivalero estatal.

El viraje hacia la emoción colectiva dentro del Vive Latino lo marcó Love of Lesbian. La banda catalana desplegó un diseño de luces imponente para envolver al público en una atmósfera densa, donde canciones como Club de fans de John Boy o 1999 provocaron un coro unánime que tapó por momentos el propio sistema de sonido del festival.

Antes de terminar con una noche perfecta, G-5 saltó al escenario para demostrar que la música y el humor no están reñidos. La unión de talentos desbordantes formados por Kiko Veneno, Ratón (Los Delinqüentes), Muchachito, Tomasito y El Canijo de Jerez convirtieron su franja horaria en una auténtica juerga entre amigos. Sin guiones encorsetados y con una complicidad descarada sobre las tablas, la formación desplegó ese contagioso “flamenco-funk” y rumba urbana sobre el escenario. Sonaron temas imprescindibles de su repertorio común junto a improvisaciones donde la picaresca, el taconeo frenético de Tomasito y las guitarras con duende pusieron a bailar de lado a lado a miles de personas. Fue una pausa festiva e impredecible entre el rock de Shinova y el sabor tropical de Los Ángeles Azules, demostrando que cuando estos músicos se juntan, el escenario del Vive Latino se transforma en un auténtico patio de vecinos a orillas del Ebro.

A medida que la madrugada ganaba terreno, el tono de la noche mutó sin complejos. La cumbia sin filtro de Los Ángeles Azules irrumpió para romper cualquier etiqueta estilística, haciendo bailar a miles de personas bajo las estrellas en un ejercicio de pura fiesta popular. El encargado de poner la guinda a la primera madrugada fue Alizzz, dibujando un puente perfecto entre el pop de vanguardia y los ritmos electrónicos que mantuvieron la pista viva hasta que el recinto comenzó a vaciarse bien entrada la noche. El viernes dejó el listón arriba: tensión, ritmo y una sobredosis de energía para abrir el fin de semana.

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