Mayte Magdalena: “Hay un mundo de historias que puede ser la unión entre abuelos, padres y nietos”
Tras el éxito de Zapatos de lluvia¸ Mayte Magdalena vuelve a conquistarnos con una historia que emociona desde la primera página, Vientos de ira. En una España desgarrada tras la Guerra Civil seremos testigos de la fuerza arrolladora de hombres y mujeres que se negaron a rendirse. Una novela intensa, profundamente humana e inolvidable que nos hará recordar que incluso en la oscuridad más absoluta, siempre late la esperanza.
¿Cómo ha sido para tu escribir esta Vientos de ira donde reivindicas una historia personal?
Sí, es una historia que mi padre nos contaba de pequeños sobre los retazos de su infancia. Mi padre es el niño que cruzó los Pirineos con sus padres y con dos hermanos más a pie, al terminar la guerra, y entonces contaba muchas anécdotas. Como digo al inicio del libro, sin rencor. O sea, mi padre lo contaba como anécdota. Y cuando eres pequeño, pues eso, lo aceptas como una aventura.
Luego, cuando te haces mayor, empiezas a pensarlo y dices, ¡Dios mío!, lo que tuvieron que pasar. Y a partir de entonces, después de escribir Zapatos de Lluvia, que cogí más recuerdos de mi familia materna, me dije es que mi padre también se merece esto, porque al final una persona desaparece cuando se la olvida. A mi padre le tenemos muy presente y también se merece que cuente una historia.
Siempre he dicho que estas historias las contaba para mí. Las escribía y nunca pensaba en publicar nada.
Gracias por publicarla porque así los lectores podemos descubrir historias tan alucinantes como estas
Al final, te das cuenta que esto no deja de ser una especie de puerta que abres a muchos abuelos, bisabuelos, a situaciones que se vivieron sino idénticas, muy parecidas, porque hubo miles de exiliados, porque hubo miles de mujeres que se quedaron en las grandes ciudades y en los pueblos, tirando de las familias. Entonces no es más que una entre un millón, es como una gota de agua en un océano de historias. Yo creo que ahí radica un poco el que la gente empatice con la novela.
No es una época tan lejana. Los que tengan todavía a familiares que vivieron este momento pueden preguntarles cómo lo vivieron ellos
Este libro podría ser un poco para hacer unión con tus familiares. Yo he hablado con mucha gente mayor y es increíble las cosas que cuentan. Todo esto de que la realidad supera la ficción es absolutamente cierto. Todo el mundo tiene un montón de historias que contar y situaciones que se vivieron, también, cosas muy tristes y otras que incluso te hacen reír. Creo que hay ahí un mundo de historias que además puede ser un punto de unión entre nietos y abuelos, entre padres e hijos y además, sobre todo, y yo esto siempre lo digo, cuando uno sabe lo que pasó es más difícil que lo repita. Si tú sabes que tu abuelo o tu abuela o tu bisabuelo sufrieron muchísimo, a lo mejor tú no tienes ninguna gana de sufrir eso. Puede ser también una fortaleza de la novela. Además es que con los personajes que salen en la novela, estos cuatro personajes, esta Paula los protagonistas, no sé,
¿Cómo ha sido para ti llevar estos personajes reales a la historia?
Con cada uno de los personajes que sale, tanto en Zapatos de Lluvia como en Vientos de Ira, lo primero que hice fue escribirme sus vidas de tal manera que me hacía amiga de estos personajes y luego ya los incluía en la novela.
¿Qué ocurre? Que con Sonsoles, con Pablo, con Manuel y con Paula me pasó exactamente lo mismo. O sea, los hice míos, entonces cuando tú escribes llorando porque te da pena, riendo porque te hace gracia o sufriendo porque es muy duro lo que estás escribiendo, como que te metes en el papel de ser ellos durante unas horas. Y eso hace que intentes que el lector tenga las mismas sensaciones que tuvieron esos protagonistas al vivir las diferentes cosas que vivieron.
Aunque tenías mucha información de lo que te había contado tu padre de la época de la guerra, ¿cómo viviste el proceso de documentación?
La verdad que ha sido muy compleja. Yo siempre digo que he tenido como tres patas. La primera parte fue recuperar los recuerdos. La segunda parte es intentar hablar con gente que o bien hubiera vivido o bien hubiera escuchado historias, leer testimonios de hombres y de mujeres que iba encontrando aquí y allá y, por último, lo más difícil, encajar todo eso en la historia. La historia con mayúsculas. Pero tengo que decir que yo no estoy haciendo un ensayo. Estoy haciendo una novela de ficción y a veces como escritora me he permitido ciertas licencias. Hay cosas que yo digo, esto no puede ocurrir así pero en mi novela va a ocurrir así. Y luego hay mucho trabajo de documentación porque hay muchas cosas que tenía que buscarlas debajo de las piedras.
Por ejemplo, de los pasos de exiliados a Portugal hay poquísima literatura. Hay muy poca. Probablemente porque hubo muchos menos exiliados a Portugal que a Francia. A Francia fueron riadas y riadas. A Portugal hubo menos pero las hubo. Entonces me he encontrado con historias también muy interesantes de ese paso porque los que pasaban a Francia creían, digo que creían porque luego se encontraron otra cosa muy distinta, que pasaban a un país democrático.
Mientras que los que pasaban a Portugal ya sabían que iban a otra dictadura. Entonces ya tenían que estar escondiéndose. Pero a todo eso le tienes que dar vueltas y tienes que buscar un paso, tienes que buscar cómo hacían los contrabandistas y todo eso es a base de leer y leer y buscar, luego ya con tu imaginación rellenas el resto. Pero sí que es un trabajo difícil, es un trabajo arduo y muy interesante.
Portugal y Francia son dos escenarios muy importantes dentro de Vientos de ira
Yo quería que quedara muy clara la diferencia entre las decisiones que se toman. O sea, Pablo y Sonsoles toman una decisión que es huir a Francia y Paola toma la decisión de quedarse esperando a su marido. Entonces ninguna decisión era buena pero cada uno tomó la suya. Y cuando ya llegó un momento en el que la situación se hace tan grave entonces el exilio que se produce es un exilio obligado porque tienen que pasar por determinados sitios. Entonces creo que eran las dos salidas porque bien es cierto que a Portugal la mayor parte de la gente que cruzaba la frontera lo que quería era llegar a Lisboa y coger un barco para Sudamérica, pero también hubo quien estuvo escondido en Portugal.
Nos situamos en una historia tanto de vencidos como de vencedores
Creo que también es algo bueno. Porque es historia de personas, por eso para mí es lo más importante. El libro se llama Vientos de Ira porque los vientos del rencor, de la tristeza, de la miseria, del hambre, de todo eso era lo que volaba por encima de esta España destrozada. Y luego la ira era de todos. Hubieran vencido, hubieran sido vencidos, daba igual, la ira sobrevolaba.
Mi novela es una novela de anónimos, de personas anónimas. Entonces tienes una figura como la de María, que dentro de su ignorancia se podría catalogar que estaba dentro de los privilegiados. Pero ella tiene un papel fundamental en la novela. Ella va enterándose de qué es lo que está pasando poco a poco por medio de Paola. Entonces es un libro de personas.