Manuel Arias Maldonado: “El libro aborda la relación entre emergencia vírica y decisión democrática”
Manuel Arias Maldonado se aproxima a la pandemia como al fenómeno polisémico que es: efecto colateral de las relaciones socionaturales y riesgo global que a duras penas encaja en las categorías dominantes; la acción del virus fuerza a las democracias a operar en condiciones excepcionales dominadas por la incertidumbre. Pero el virus también activa nuevos imaginarios colectivos y reabre el debate sobre un futuro que se presenta menos como promesa que como amenaza. Rehuyendo cualquier tentación profética, el autor defiende la capacidad del viejo pensamiento ilustrado para procesar con éxito este acontecimiento sublime, cuya causa no debe buscarse en el fracaso de la modernidad sino en su carácter asimétrico e inacabado.
Desde las ruinas del futuro habla sobre la situación que estamos viviendo actualmente debido al coronavirus, ¿con qué se va a encontrar el lector?
Con un análisis en profundidad de las implicaciones de la pandemia, que incluye una reflexión meditada acerca de sus significados, con especial atención a su conexión con la modernidad, la globalización y la producción de riesgos. También he tratado de ordenar el debate sobre las consecuencias del virus, distinguiendo entre profecías infundadas y argumentos sobre lo deseable, analizando para ello imaginarios sociales como el decrecimiento o el primitivismo. Finalmente, el libro aborda la relación entre emergencia vírica y decisión democrática, discutiendo, entre otras cosas, el conflicto intergeneracional que se plantea durante la duración de la pandemia entre los intereses de mayores y jóvenes.
¿Cómo nace la idea de escribir este libro?
A comienzos del largo confinamiento de la primavera, me pareció que el mejor uso que podía dar a mi tiempo, despejado de compromisos durante varios meses con la salvedad de la docencia virtual, era reflexionar sobre lo que estábamos viviendo. Parte de mis investigaciones previas se orientaba ya en esa dirección, de manera que, aun siendo la pandemia un objeto nuevo de estudio, me encontraba preparado para abordarlo sin necesidad de hacer esfuerzos descomunales. Me puse a leer, luego a escribir, y así salió el libro.
En el libro incides en la consideración de lo humano como objeto político desde un prisma medioambiental, inseparable del mundo natural ¿Podemos establecer algún vínculo entre el coronavirus y el medio ambiente?
Sin duda, ya que los virus son entidades naturales que pueblan el planeta en una medida formidable e incluso han contribuido poderosamente a la evolución de nuestra especie. Si nos ceñimos a los virus infecciosos que producen enfermedades al animal humano, también ellos suelen tener que ver con nuestra relación con el medio ambiente y, en particular, con las relaciones que entablamos con otros animales. Las pandemias son así un efecto de la fricción entre el ser humano y su entorno natural, del que nosotros mismos formamos parte y al que damos forma a través de nuestra actividad. Ocurre que el itinerario causal del SARS-CoV-2 es bastante atávico: alguien compra un animal infectado en un mercado húmedo chino y se lo come sin mayor mediación tecnológica. En la medida en que comamos animales, es muy difícil evitar por completo los episodios zoonóticos. Simultáneamente, un virus como éste se convierte en un actor social o histórico, que produce consecuencias sociales de primera magnitud. Y no es, claro, la primera vez que sucede.
¿Puede la Covid19 significar el fin de la postmodernidad?
Es discutible que la posmodernidad siguiera viva o que gozase de la fuerza que tuvo hace unas décadas. En todo caso, la innegable materialidad del virus confirma que el discurso culturalista o construccionista que fue característico de la posmodernidad tiene un límite y que lo real sigue teniendo fuerza por debajo o más allá de sus representaciones.
¿El virus nos ha cambiado? O lo que realmente nos va a cambiar es la crisis económica que viene
No creo que el virus nos haya cambiado, porque no cambiamos tan fácilmente; en cuanto a la crisis económica venidera, hay que esperar a verla. En ambos casos, no obstante, la respuesta es prematura; los efectos profundos de la pandemia, si llega a tenerlos, están todavía por verse. De momento, seguimos tratando de gestionarla.
¿Cree que la humanidad es consciente de lo que pasa y lo que puede estar por venir?
Bueno, la humanidad como tal no existe salvo en forma de abstracción… Hay personas o grupos sociales más conscientes que otros y es razonable esperar que en el curso de una pandemia global la mayoría de los seres humanos tomen conciencia, en caso de que se les hubiera olvidado, de su propia vulnerabilidad ante los accidentes terrenales. Es posible, también, que lo olvide una vez que la pandemia termine: si viviéramos pensando en todo momento que nos vamos a morir, difícilmente podríamos soportarlo.
En el libro dedicas algunas páginas al debate sobre los riesgos reales y ficticios de las derivas autoritarias que se aprovechan de los estados de excepción. Mencionas el tema de la desinformación científica. Algunos políticos se apoyan en esto para llamar la atención sobre la necesidad de vigilar la información. ¿Qué opina sobre ello?
Los gobiernos no pueden arrogarse la potestad de decidir acerca de la veracidad de la información, por la sencilla razón de que no podemos estar seguros de que, al hacerlo, no persigan sus propios intereses.
¿Hasta qué punto seguimos profesando una fe excesiva en la ciencia?
Es difícil decirlo. Sin la ciencia, no podríamos saber ni siquiera lo que nos pasa: atribuiríamos la muerte infecciosa a los astros o los dioses. Tendrá una fe excesiva en la ciencia quien la crea todopoderosa o capaz de solucionar cualquier problema; esa posición, verdaderamente ingenua, no pertenece a nuestro tiempo.