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Magela Ronda: “Todos podemos aportar y todas las acciones son significativas”

Érase una vez un planeta azul en el que sus habitantes convivían en armonía con la naturaleza. Los árboles crecían fuertes; los océanos, limpios y los campos fértiles. En ese planeta se respetaba a los animales, se cuidaba el aire y hacía ya muchos años que se habían prohibido los plásticos, las energías contaminantes y los productos tóxicos. Todos los países del mundo habían adoptado una economía circular, sostenible y justa, basada en un consumo responsable e inteligente. Empresas, gobiernos y ciudadanos estaban unidos por un objetivo común: proteger los recursos naturales para las generaciones futuras. Ese planeta, por desgracia, no era la Tierra. FIN.

Esta es solo una parte de como Magela Ronda nos sumerge en Cuentos por el clima, en donde nos habla de todas esas personas que luchan, día a día, por hacer de nuestro mundo un lugar mejor en el que vivir. Ella nos lleva a recorrer, a través de este libro ilustrado, la historia de cien héroes, heroínas y organizaciones. ¿Quieres conocerlas? La autora nos habla un poco sobre ellas en esta entrevista.


¿Cómo nace la idea de crear estos cuentos que llevan a la concienciación por el clima?

La idea del libro fue de Marta Latorre, editora de Alfaguara, con quien ya había trabajado en otros libros. Marta sabía de mi interés por los temas de ecología, cambio climático, conciencia animal, etc y cuando me llamó para ofrecerme el proyecto, no tuve ninguna duda, fue un sí rotundo y rápido. En seguida vi claro que libros como este son tremendamente necesarios para explicar a niños y adultos la crisis climática que amenaza nuestro planeta.

¿Cómo llegan hasta a ti estas historias? ¿Por qué estas y no otras?

Por supuesto era imprescindible contar la historia de activistas como Gretta Thunberg,  Berta Cáceres, Wangari, Vadana Shiva, Chico Mendes… Personas que por diferentes motivos son más conocidas por el gran público, sin que esa fama desmerezca su mensaje y, en ocasiones, su sacrifico. Sin embargo, en el espíritu del libro estaba también dar a conocer historias más modestas o desconocidas pero igualmente importantes.

La labor de documentación fue a la vez inmensa y gratificante. Para seleccionar las cien biografías que aparecen en el libro, revise la vida y obra de otros muchos cientos de activistas y me alegra decir que fue difícil elegir entre tantas personas que han aportado ideas, ilusión y trabajo en esta lucha común. Por suerte, fue difícil. Se habrían podido escribir varios tomos y eso es motivo de alegría y deja espacio a la esperanza. Hay muchas personas luchando por el planeta.

Mi intención era mostrar un poco de todo: pioneros del ecologismo, teóricos, científicos, empresarios, activistas involuntarios, organizaciones, políticos, ciudadanos anónimos… Solo resolveremos la crisis climática si la sociedad entera se conciencia y pasa a la acción. A todos los niveles: desde gobiernos a ciudadanos.

De las historias que narras, ¿cuál ha significado o te ha llenado de una manera más especial?

Desde el primer momento, me “enamoré” de Rachel Carson, la autora del libro Primavera silenciosa, tal vez por su faceta de escritora. Rachel Carson escribió para denunciar el uso de pesticidas y lo hizo de una forma hermosa y didáctica, de manera que consiguió llegar a toda la opinión pública de su país y la fuerza de la gente logró el cambio en las leyes y la prohibición de los pesticidas que denunciaba en su libro.

Me impresionó sobre manera la historia de Lawrence Anthony, autor de El hombre que susurraba a los elefantes, su amor por los animales, su conexión casi mágica con los elefantes, me emocionó de una manera difícil de explicar.

Destacaría también a Bayarjargal Agvaantseren y Tasso Azevedo, por su visión y capacidad de atacar el problema desde todos sus frentes. Bayarjargal luchando por proteger al leopardo de las nieves y Tasso intentando frenar la desforestación del amazonas. Ambos eran conscientes de que no bastaba con prohibir o legislar, había que implicar a todas las personas, tribus, comunidades, sociedad civil… personas cuyo medio de vida se vería afectado de manera negativa con las legislaciones a favor del medio ambiente, si no se encontraba un nuevo medio de vida para ellos, legislar sería inútil.

En el libro se pueden leer desde historias con un final más feliz a historias con un final más trágico

Por desgracia, en la lucha por detener el cambio climático, a favor del medio ambiente, por los derechos de los animales, etc demasiadas veces hay historias con un final trágico. Impresiona darse cuenta que en pleno siglo XXI, en una sociedad que se describe a sí misma como civilizada, todavía tenga más valor los beneficios de las empresas que la vida humana. Sigue habiendo una visión a corto plazo del futuro de la Tierra, parece que importa más el dinero que puedo ganar mañana que el aire, la tierra, el agua o los bosques que heredarán las próximas generaciones. Es imperativo cambiar cuanto antes esa visión cortoplacista y comprender que el futuro ya ha llegado, que nuestras acciones de cada día condicionan y escriben el mañana.

De todas formas, no quiero quedarme solo con una visión pesimista del futuro. Cada vez son más las personas y organizaciones e incluso gobiernos que apuestan por un energía limpia, por un futuro sostenible, cada vez somos más los que hemos cambiado nuestra manera de pensar y, sobre todo, de actuar. Quiero pensar que estamos ante un cambio de modelo de pensamiento, un cambio de paradigma que nos convertirá a todos en mejores personas o, al menos, más conscientes.

“Gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, pueden salvar el planeta” aquí nombras a algunos de ellos que son o pueden ser reconocidos actualmente por la sociedad. Sin embargo, hay otros que son desconocidos

Esa era la intención del libro, mostrar que todos podemos aportar, que cada acción, por pequeña que sea, es un paso hacia un futuro mejor. Que el cambio es posible y que la gente buena no está sola. A veces da la impresión de que si no apareces en los grandes medios de comunicación no existes; las malas noticias ocupan más titulares que las buenas noticias y eso puede distorsionar la realidad y hacernos creer que no hay esperanza. Y creo firmemente que eso no es cierto. Poner en valor las pequeñas acciones, dar voz a personas humildes que han luchado por proteger su comunidad, su tierra, su familia… No, la gente buena no está sola.

De las acciones que se han llevado o se están llevando a cabo que mencionas en el libro. ¿Cuál ha sido para ti la más significativa?

¡Hay muchas! Desde el aeropuerto en la India que se abastece con energía limpia y ha eliminado por completo su huella de carbono hasta Patri y Fer, una pareja que un día decidió vivir sin plástico. Si ya tenemos la experiencia positiva de un aeropuerto, ¿por qué no se puede extrapolar ese modelo a todos los aeropuertos del mundo? Si Patri y Fer han conseguido reducir su consumo de plástico, ¿por qué no podemos hacerlo todos?

Todos podemos aportar y todas las acciones son significativas. Es cierto, algunas son más “grandes” y tienen una consecuencia directa más visible en la mejora del medio ambiente, pero si yo voy a trabajar andando o en bici en vez de utilizar el coche… eso también es significativo, pequeño, sí, pero significativo.

Plásticos en los mares y océanos, medios de transporte, reciclaje, deforestación… la sociedad tiene que cambiar mucho. ¿Crees o consideras que algún día se podrá hacer o se hará bien?

Es inevitable. Hemos llegado a un punto de no retorno, como dice el eslogan: “No hay Planeta B”. Tenemos que hacerlo y, tienes toda la razón, tenemos que hacerlo bien. Vamos con retraso, hace tiempo que deberíamos haber cambiado nuestra manera de vivir e interactuar con el planeta, pero ese retraso no puede servirnos de excusa para quedarnos de brazos cruzados. Yo soy optimista, como decía antes, detecto un cambio en la forma de pensar de las personas, creo que las nuevas generaciones están mucho más concienciadas de lo que estaba mi generación. Ahora hace falta que gobiernos y empresas asuman ese nuevo modelo y trabajen por y para el planeta.

¿Qué podemos hacer?

Lo primero, informarnos. Aprenderlo todo sobre el cambio climático y sus consecuencias, entender cómo podemos ayudar. Por ejemplo, si yo le digo a mi madre que tiene que comer menos carne para reducir su huella de carbono y ayudar a evitar el cambio climático, me va a mirar con cara de «Mi hija se ha vuelto loca, ¿qué tienen que ver las vacas con la contaminación», en cambio si yo le explico todo el proceso de elaboración de la carne, le cuento que el 70% de la superficie de la tierra dedicada a la agricultura se destina a la alimentación del ganado y no del ser humano y que por eso se afirma que la ganadería es la principal causa de la desforestación, si yo le explico que se necesitan 10 kilos de alimentos vegetales para producir un kilo de alimento de origen animal o que hacen falta 15.400 litros de agua para producir un kilo de ternera… El cuento cambia, ¿verdad?

Una vez seamos personas y ciudadanos informados y conscientes, actuaremos en consecuencia, cambiaremos nuestras costumbres y sumaremos en esta lucha de todos.

Y, sobre todo, exigir. Exigir a empresas y gobiernos que actúen. Ya es hora.

¿Cómo ha sido trabajar junto a Raquel Sánchez Pros?

El trabajo con Raquel ha sido fluido y fácil. Raquel ha aportado su particular visión del carácter de los personajes y lo ha hecho de una manera propia y especial. Ha sido un proceso estimulante ir viendo como cada uno de los protagonistas cobraba vida, muy emocionante compartir con ella el cariño y la admiración que inevitablemente me despertaban tantas historias.

Cuentos por el clima no solo es un libro para los niños también es para concienciar a los adultos sobre sus responsabilidades

Absolutamente. Creo que los primeros que tenemos que concienciarnos somos los adultos, somos nosotros los que nos hemos embarcando con retraso en esta lucha de todos. A los niños hay que motivarles, explicarles el porqué de las cosas y, sobre todo, enseñarles con nuestras acciones, con las historias y los logros de otros que el cambio es posible, que todos somos importantes y que el futuro del planeta está en nuestras manos.

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