Las altas temperaturas acompañan a la música en la primera jornada del Vive Latino
Niña Polaca en la primera jornada del Vive Latino. Foto: M. José Gracia
Sabemos que en Zaragoza o te asas de calor o te hielas con su característico cierzo nocturno. Este año, el tiempo decidió que tenía que haber 40ºC y que los abanicos fueran los principales protagonistas de toda la jornada del Vive Latino.
Niña Polaca fue el que dio el pistoletazo de salida al festival y los que tuvieron que sobrevivir a un sol imperdonable. El grupo vino a presentar su último disco ¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas? Mezclado con sus temas de siempre entre los que pudimos escuchar Los Días Malos, San Francisco el grande, Nora y el que se ha vuelto ya un himno por encima de todas las cosas La muerte de Mufasa. Canción con la que se formó el pogo del concierto, digamos que pequeñito si lo comparas con otras ciudades, pero el calor tampoco lo ponía nada fácil.
Con Niña Polaca la sensación fue de un disfrute continuo, de escuchar música en directo que te hace saltar y corear las canciones como si no hubiera un mañana. Pero, siendo sincera se me quedó corto, necesitaba más tiempo para ellos.
Nos trasladamos al escenario Ambar para disfrutar de una de las grandes cantantes y compositoras mexicanas, Julieta Venegas. Con un público muy fiel la artista nos llevó por las canciones que han marcado a numerosas generaciones Limón y sal, Me voy o Eres para mí.
Volvemos a la música nacional. Si con Julieta Venegas ya habíamos vuelto a los 2000 ahora sí que el público de Zaragoza iba a ser millennial. Pignoise fue el grupo que marcó a toda una generación. ¿Quién no ha soñado alguna vez con que le dijeran al famosa frase de ‘parece que va a llover y después se escuchara la canción de Te entiendo de fondo? Eso lo pudimos vivir la tarde del viernes en el Vive Latino. Además, no faltaron temas como Sube a mi cohete, Nada que perder y Estoy enfermo.
El punto musical más interesante vino de la mano de Amaia. Ella es puro sentido musical. Sus canciones son arte y elegancia. Con una puesta en escena muy sencilla a la par que elegante, la de Pamplona nos encandiló desde el comienzo de su actuación. Haciendo un repaso por sus temas más conocidos. El relevo se lo cogió los ya consagrados M-Clan en un ambiente de lo más íntimo hicieron del anfiteatro su hogar. Tarque demostró una vez más por qué posee una de las mejores voces del rock en castellano. Acompañado por la finura a las guitarras, la banda murciana ofreció un concierto sin artificios, apoyado en un sonido rotundo y orgánico.
Sonaron clásicos incontestables como Llamando a la tierra, Quédate a dormir y una emocionante Miedo que puso la piel de gallina a las primeras filas. M Clan ofreció esa solidez que solo dan los miles de kilómetros de carretera, marcando el nivel muy alto para el resto de la jornada.
Con la noche asentada sobre el recinto Expo, el escenario Ambar volvía a llenarse de luz con la aparición del imponente Loquillo. Traje impecable, actitud desafiante y una banda afilada como una cuchilla que no dio tregua. El cantante no vino a hacer ninguna confesión, sino a repasar un cancionero que forma parte de la memoria del país. Himnos como Feo, fuerte y formal, El ritmo del garaje o el más coreado Cadillac solitario provocaron un aplauso generalizado. Loquillo demostró que la chulería sobre el escenario, cuando va respaldada por un repertorio de hierro, sigue siendo un espectáculo imbatible.
Uno de los contrastes más radicales del festival llegó con Rigoberta Bandini, encargada de transformar la explanada en una pista de baile colectiva. La puesta en escena es puro teatro, fresca a la vez que hipnótica porque nunca sabes lo que va a pasar. Aunque, es verdad que el principio del show cuando se ve esa parte más “techno” nos recordó un poco a la rave que monta Zahara. Igualmente, la artista catalana conectó de inmediato con el público y aquí sí que no importaba la edad porque despertó la curiosidad desde los más jóvenes a los más adultos.
Acompañada de sus habituales coristas y bailarinas, desplegó un torrente de letras punzantes. El momento álgido de la noche llego con parte de sus mayores éxitos Perra, In Span We Call It Soledad y la indiscutible Ay Mamá, que desató un canto comunitario cargado de reivindicación por todo el recinto del Vive Latino.
Todavía quedaban muchos artistas por delante, pero decidimos terminar con el ritmo de Sanguijuelas del Guadiana. Uno de los grupos más refrescantes de la noche. Con un lleno absoluto en la plaza que engloba el escenario más pequeño, la formación irrumpió demostrando que se han convertido en todo un estimulante del panorama musical reciente. Su propuesta es una mezcla de pop, poesía de tierra y actitud punk.
Los extremeños rasgaron guitarras y distorsionaron ritmos tradicionales provocando el delirio y la autenticidad. Supieron conectar con el espíritu abierto del festival convirtiendo su actuación en una auténtica fiesta de baile, sudor y raíces vivas que dejó con la boca abierta a los espectadores.
Los ritmos continuaron porque la noche seguía prometiendo en el Vive Latino, pero esta larga jornada protagonizada por el calor llegaba a su fin con las actuaciones de Modelo y Rawayana.