Juan Eslava Galán: “Somos romanos, con los mismos problemas de decadencia que tuvo Roma”
Con su inconfundible mezcla de rigor histórico y narrativa amena, Juan Eslava Galán vuelve a acercarnos al pasado con ‘Historia de Roma contada para escépticos’ (Planeta). En esta nueva entrega de su célebre serie, el escritor reconstruye los mil años de historia del Imperio Romano, desde su fundación hasta su caída, con ironía, sabiduría y un sutil paralelismo con la sociedad actual. Conversamos con él sobre el origen del libro, las lecciones que Roma todavía puede enseñarnos y las similitudes entre aquella civilización y el mundo contemporáneo.
Tienes ya muchos libros publicados. ¿Por qué ahora Roma?
Este libro lo he estado incubando durante mucho tiempo. He escrito varios libros sobre Roma, pero nunca me había atrevido con una síntesis que lo abarcara todo. Llegaba el momento. Ya tocaba enfrentarme a ese gran tema.
¿Qué es lo que más te impresiona de la historia de Roma?
Sobre todo, que en sus mil años de historia pasó de ser una aldea rodeada de pantanos a dominar todo el orbe conocido: desde el Éufrates hasta los bosques de Germania. Su capacidad de expansión es impresionante, y se debe tanto a la superioridad de su civilización como a la eficacia de su ejército. Las legiones romanas fueron invencibles durante siglos.
En el libro recorres toda la historia, desde Rómulo y Remo hasta la disolución del Imperio. Me gusta que no te centres sólo en hechos concretos.
Ese fue el mayor desafío. Quería que el lector no sólo aprendiera historia, sino que viviera Roma: sus calles, sus costumbres, sus personajes anónimos. Quería mostrar la vida cotidiana, las personas que no salen en los libros de historia.
Y lo consigues, porque además incluyes personajes ficticios que ayudan a hacer más cercana la narración
Sí, las anécdotas son reales, pero las concentro en personajes inventados. Es un truco de novelista al servicio del historiador. Siempre distingo entre novela e historia, pero aprendí que una buena divulgación debe combinar rigor y narración.
Leyendo el libro, me sorprendió cómo muchos hechos de entonces se parecen a los de ahora: desigualdad, falta de mano de obra…
Efectivamente. Occidente vive una decadencia parecida. Desde el siglo XIX Europa ha ido perdiendo fuerza, con dos guerras mundiales que nos debilitaron. En Roma pasó lo mismo: tras la grandeza, vino el declive. Faltaban nacimientos, la gente no quería servir en el ejército, se contrataban mercenarios extranjeros… y así llegaron los bárbaros. Su historia es un espejo del presente.
Antes, en Roma, la retórica era esencial: los discursos estaban cuidados. Ahora parece que todo se improvisa
Totalmente. En Roma, quien quería progresar debía estudiar retórica y saber debatir. Hoy los políticos repiten frases hechas sin reflexión ni cultura. Si comparas a un político romano con uno actual, salimos perdiendo.
¿Había alguna virtud política de entonces que deberíamos recuperar?
Bueno, ellos también tenían sus golpes de Estado y una corrupción generalizada. En eso no hemos cambiado tanto. Pero el legado romano es incuestionable: nuestra civilización occidental tiene sus cimientos en Roma. Es, con diferencia, la más avanzada desde el punto de vista humanístico.
¿Dirías que revisar la historia de Roma es una advertencia para el presente?
Sin duda. La historia de Roma se sigue revisando, sobre todo gracias a la arqueología, que es una ciencia joven. Cada descubrimiento nos obliga a reinterpretar lo que creíamos saber. Roma es una advertencia y, al mismo tiempo, un espejo de lo que somos.