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Ibón Martín: “Con esta novela me he dado cuenta que el odio está continuamente en nuestras vidas”

Ibón Martín. Foto: Txemari Ortiz de Lun

Tras La Danza de los Tulipanes, Ibón Martín regresa con La hora de las gaviotas un thriller sinuoso, magnético e impecable que nos enfrenta al peor de los enemigos: el odio visceral que late escondido en todos nosotros.

El autor de nuevo nos sumerge en uno de los enclaves más sobrecogedores de la costa vasca. Esta vez nos enfrentamos a un crimen que se produce en mitad del desfile del Alarde. Una mujer ha sido asesinada. Y no será la última. Para descifrar este suceso contamos con la suboficial Ane Cestero y su unidad especial que tendrán que dar caza a un asesino feroz e implacable que es capaz de ocultarse a la vida de todo un pueblo.


¿Cómo nace la idea de esta novela?

La danza de los tulipanes salió el 5 de septiembre de 2019 y estaba descansando un poco del lanzamiento y decidí acercarme, el 8 de septiembre, a Hondarribia que son fiestas y me veo en medio de todo lo que es el Alarde. Así que lo que pretendía yo que era tener un día tranquilo en donde poder respirar se convierte en un día que me horroriza porque veo todo ese enfrentamiento y boicot al que se somete el Alarde mixto. Volví a casa muy furioso porque Hondarribia y toda su comarca siempre me habían entusiasmado y me apetecía situar una novela en la zona. Entonces, se junta un poco todo y, poco a poco va surgiendo la idea. Un mes después me puse a escribir La hora de las gaviotas.

Posiblemente la gente que no es de la zona no conoce lo que sucede en el Alarde y gracias a tu novela pueden ser testigos de esa parte tan dura que llevan a cabo durante esa festividad

Me estoy dando cuenta que fuera del País Vasco si comentas algo del Alarde tienes que explicarlo de cero porque nadie ha oído hablar del ello. Ya hace 25 años desde que las mujeres quieren participar en el Alarde y no se les permite. Este tema abre los informativos todos los 8 de septiembre y el 9 con la resaca de lo que se supone que tenía que haber sido una fiesta. La verdad es que, al principio, es una festividad entrañable donde todo el pueblo se vuelca, pero el poder de la tradición está siendo tal que el abrirse paso al igualitarismo y a que las mujeres puedan participar en igualdad a la fiesta está suponiendo que cada 8 de septiembre en Hondarribia hay una pequeña guerra civil a escala municipal. Hay familias que no se hablan y gente que ha dejado de cenar juntos en Nochebuena o Nochevieja por esas situaciones. Realmente es algo que lo llevan de manera muy visceral y eso es de tener muy mala solución.

Ha supuesto para ti un conflicto con los lectores el hecho de contar esa tradición

Ha supuesto un conflicto con lectores de la zona. La gran mayoría de mis lectores apoyan que hablemos de este tema de manera abierta y normal e incluso que utilicemos el libro para denunciarlo e intentar avergonzar, de alguna manera, a esas personas que año tras año están levantando esos plásticos que ocultan el Alarde mixto o silbando. Pero, luego hay una minoría que seguramente sean esos exaltados y exaltadas, que levantan esos plásticos, quienes aprovechando las redes sociales me escriben barbaridades de todo tipo. Son poquitos.

El odio es el denominador común de la novela

Empezamos con una situación de odio que es en lo que se convierte la fiesta, ese odio que domina el pase del Alarde mixto por las calles del Casco Antiguo y que está rodeado de gente boicoteándolo. A partir de ahí, el odio va a ser el motor de todos los acontecimientos y de gran parte de los sentimientos de los protagonistas. El odio va a estar ahí. Explorándolo con esta novela me he dado cuenta que el odio está continuamente en nuestras vidas y podríamos hablar del amor y del odio como los dos grandes motores del ser humano. El amor en positivo y el odio en negativo, pero el odio tiene muchísima fuerza y todos estamos expuestos a él. No solo a sufrirlo también a sentirlo. En la novela queda muy claro y se palpa en todo momento.

¿Por qué las gaviotas?

Yo creo que para cualquier persona que haya crecido o le guste el mar puedes ver como la gaviota inspira cierta desconfianza. Las gaviotas son carnívoras, carroñeras, las ves siempre despedazando algún tipo de carne, con sus manchas de sangre en el pico, que te miran de reojo y están un poco al acecho, esperando para atacar o robarte algo, los propios graznidos… a mí me parece que es un ave muy significativa de la costa. En este caso, el asesino se va a valer de ellas para hacer una cruel venganza.

Antes de empezar cada capítulo sitúas muy bien al lector incluyendo la fecha en la que tiene lugar ese capítulo

Para mí son importantes dos cosas. La primera es que los capítulos sean cortos para que nos permitan leer con mucha agilidad y pasar de un escenario a otro y, al mismo tiempo que estemos perfectamente ubicados en el tiempo. Es decir, si la novela se está desarrollando en septiembre de 2019 que lo sepamos y podamos saber el día en el que transcurre. Esto te permite tener mayor visibilidad y entrar más en lo que es el día a día.

Recuperas el personaje de la suboficial Ane Cestero

Me gusta mucho ponerme en la piel de Ane por la fuerza que tiene el personaje. Ella es una mujer muy decidida y joven que ha llegado a un puesto de responsabilidad en la Ertzaintza que le supone dar unas explicaciones que quizás a un hombre no se le pedirían. Además, de ser una gran profesional tiene un punto en donde para ella lo importante es encontrar al culpable y eso pasa por encima de cuidar su carrera policial. A menudo actúa de manera poco ortodoxa. Me gusta ese contraste entre una buena profesional que a veces le puede el ser persona y el salirse de las normas con tal de poder tomar al culpable.

Julia y Ane son muy complementarias en la novela

Sí, pero Ane tiene una fuerza mayor. Julia es más empática y nos sirve para ver los casos de una manera más humana y desde el lado de las víctimas. Ella necesita ese baño en el mar para sacudirse de encima los horrores de su trabajo. Sin embargo, Ane se ha construido una coraza muy fuerte a su alrededor.

Si hay un gran protagonista en tus novelas son esos paisajes tan maravillosos

El paisaje para mí es vital. Siempre a la hora de construir una novela busco un paisaje que me cuente, que me cautive y, a partir ahí, ya empiezan los paseos e incluso semanas de vivir en ese entorno para ir ideando que puedo colocar en ese paisaje. A veces pienso que la novela para mí no es más que una excusa para poder adentrarme en ese paisaje y poder llevar al lector a un lugar sorprendente. En este caso está la zona fronteriza entre Hondarribia y Hendaya con una bahía natural muy hermosa que tiene una vida especial porque está en plena frontera. Por un lado, tenemos los ritmos ágiles y el trajín de Hondarribia porque está en territorio español y, por otro lado, nos encontramos con los ritmos aletargados y durmientes casi de una localidad como de retiro y de balneario como es Hendaya. Jugar con esos mundos solo con cruzar una línea era algo muy apetecible.

La portada en este caso es muy llamativa

La portada tiene una fuerza brutal. Representa un poco las algas rojas que a lo largo del libro van a estar muy presentes. Quizás las personas que no viven cerca del mar no saben que el mar tiene sus ciclos como el resto de nuestros bosques. Las algas en otoño con el oleaje y cuando se ha cumplido su ciclo se arrancan esas algas rojas del fondo y van a parar a la costa. Igual que la hojarasca alfombra nuestros bosques, las algas van a parar a la costa y, entonces, hay un gran negocio en la extracción de esas algas para aprovecharlas. El tema es que toda la costa cantábrica se tiñe de rojo en esos meses del otoño. Hemos jugado con eso en donde no sabes muy bien si el rojo corresponde a las algas o a un asesinato. Es un diseño magnífico.

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