Fernanda García Lao: “El futuro es tan absurdo que solo queda reírse”
Conversamos con la escritora Fernanda García Lao sobre ‘Estación Saturno’, su nueva novela: un viaje delirante por el duelo, el tiempo, los no-lugares y la distorsión de la realidad. Un libro arriesgado, hipnótico y perturbador que profundiza en las obsesiones literarias de una de las voces más singulares del panorama hispanoamericano.
¿Cómo surge la historia de ‘Estación Saturno’? ¿Cuál fue la puerta de entrada a esta novela tan compleja?
Los libros tienen varias entradas. Una de ellas fue descubrir que en la provincia de Buenos Aires existía un lugar llamado Estación Saturno. Me resultó insólito. Además, la estación había sido desmantelada por la dictadura militar y todo el significado que tiene el tren para la conversión del tiempo. En la novela buscaba convertir a los horarios como una parte de la ficción más. Quería explorar qué pasaba si tu padre decide tirarse a las vías antes de que desmantelen esa estación. La imposibilidad del acto sin haber tren. Y, por otro lado, qué provoca en un pueblo quedarte sin tren, sin ese pulso del tiempo.
En la novela el duelo tiene un papel central. ¿Cómo trabajaste ese eje emocional?
Yo estaba trabajando ya con el duelo como una familia. La familia de la novela es una colección de duelos. Acaban de perder al hermano mayor, que funcionaba como vector de los demás. Cuando uno está en duelo se vuelve un personaje poco confiable. Se pierde el rumbo. Mi idea era ir perdiendo personajes conforme avanzaba la trama: primero el gato, luego los hermanos, y finalmente ellos mismos.
El viaje inicial parece tranquilo, pero pronto deriva en un recorrido delirante. ¿Buscabas esa sensación?
Sí. Quería jugar con duplicaciones: del espacio, del tiempo, de la percepción. El camino es monótono, pero una simple rotonda puede cambiarlo todo. Hay un clima lyncheano, lleno de no-lugares, estaciones de servicio extrañas y objetos como ese triciclo que avanza solo.
El coche funciona casi como una pecera al revés, con la lluvia afuera. ¿Qué papel juega el clima en tu universo?
Es una obsesión que aparece libro tras libro. El tiempo también es un personaje más. En esta novela todo está impregnado de agua, de esa sensación de estar dentro de una atmósfera engañosa.
El hotel al que llegan los personajes es uno de los escenarios más potentes. ¿Qué buscabas allí?
El hotel me permitía trabajar un espacio teatral, plástico, donde no se sabe si uno sube o baja. Es un lugar que roza lo sobrenatural: avistamientos, luces, trampas. Un espacio donde el tiempo no es confiable.
Entrar al libro es no saber nunca si lo que sucede es real o no. ¿Querías jugar con esa frontera?
Sí. Me interesa poner en escena conceptos como la posverdad, pero hacerlos carnales. Vivimos en un mundo donde no sabemos qué es verdadero. La novela trabaja con ese desconcierto.
Uno de los personajes más memorables es el capitán Minor. ¿Cómo nació?
Me divertía pensar en alguien de poco rango creando un universo propio dentro del hotel, incluso imprimiendo dólares. Una miniatura de la economía argentina. Y la idea de que cualquier rotonda puede conducirte a otros universos.
En el libro también aparece el deseo, la sexualidad y la angustia, especialmente en el personaje de la hermana.
Sí. La hermana se masturba para soportar la angustia. Era importante romper ese tabú, porque en la literatura hay muchos hombres masturbándose, pero casi ninguna mujer. Además, el hotel vende productos para esas cuestiones: es autosustentable en todos los sentidos.
El hotel recuerda incluso a los hoteles por horas o espacios temáticos. ¿Te inspiraste en ellos?
Sí, totalmente. En Argentina hay muchos. Me parecía un espacio perfecto para explorar lo absurdo, lo patético y lo cómico. Creo que la vida es ridícula, incluso la tragedia está mal construida.
Tu novela perturba, pero también entretiene. ¿Ese equilibrio era intencional?
Sí. La idea es perturbar, pero también generar morbo y curiosidad. Que quieras seguir leyendo para saber qué pasa.
Para terminar: ¿crees que ‘Saturno’ es tu apuesta más arriesgada y seductora?
Puede ser. Siempre que publico un libro pienso que es el más arriesgado. Si no, no tendría sentido seguir escribiendo. Pero este tiene una forma más extrema, todo está roto, no hay linealidad. Es mi libro más arriesgado… hasta que llegue el siguiente.