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Manicomio de los Horrores – “Aquí no están todos los que son, ni son todos los que están”

Suso Silva interpreta a Nosferatu. Foto: María Tobajas

Foto: Eduardo Acín

El Manicomio de los horrores llegaba a Zaragoza para celebrar su décimo aniversario para hacer reír al público y alejarlos de la realidad. El espectador no va a ver los números tradicionales del circo se va a encontrar metido en un viejo manicomio con camas oxidadas e historias truculentas y divertidas.

Una vez entras en la carpa comienza el espectáculo, no importa si llegas con 15 minutos de antelación o más antes de que suene la sirena de que comience el verdadero show. El espectador puede disfrutar de los locos y las enfermeras que se meten entre sus asientos y se encuentran en la pista animando y amenizando el tiempo de espera. Hacen y dicen cualquier cosa para sacarle una sonrisa al público.

Una fuerte sirena y una voz en off anuncian el inicio y, así, todos los locos de este manicomio se reúnen en medio de la pista para realizar una coreografía. Y nos recuerdan que “aquí no están todos los que son, ni son todos los que están”. El espectador se va a encontrar con un espectáculo con un buen guion, que nos hace reencontrarnos con Nosferatu interpretado por Suso Silva, como maestro de ceremonias, llega sentado en una silla eléctrica para saludar al público, siempre con un humor ácido y haciendo un guiño a los personajes de los otros espectáculos: Nosferatu de El Circo de los Horrores y a Lucifer de Cabaret Maldito.

Se produce una interacción constante con el público sobre todo en los números que están más relacionados con el humor. En donde las carcajadas se vuelven más fuertes. Pero ¡cuidado! con los calvos y las primeras filas que te puede pasar de todo. Puedes recibir palomitas, te pueden chupar la cabeza o puedes ser el afortunado o desafortunado en convertirte en protagonista si te toca salir al medio de la pista.

Uno de los números en donde el público no solo interactúa sino que se queda con ganas de reírse más es el momento en que Suso Silva aparece en el escenario con una maleta y, pide a las gradas su participación llegando a crear a través de gestos y gritos una especie de “orquesta”. También se pueden ver otro tipo de números como el de la chica sonámbula que a mí en concreto me dejó alucinada y con ganas de saber cómo está sujeta al techo. Las actuaciones con un carácter más circense como el malabarista que toca la batería con las pelotas que es completamente impresionante, las tres contorsionistas … y sobre todo me quedo con la historia que se hace de Alicia en el País de las Pesadillas que hace al espectador trasladarse a ese mundo mágico. Y sobre todo, el público disfruta con los números cómicos que no te dan ni un segundo de respiro para coger aire. Realmente divertidos y en algún momento con críticas para la sociedad en la que vivimos.

Pero si el espectáculo está tan logrado no solo se debe a las grandes actuaciones también tienen que ver todos los elementos de vestuario, caracterización, decoración y luces que se adaptan al tono de horror que nos prometen, desde el minuto uno. La compañía cuida cada detalle para conseguir un producto redondo. Ofrecen mucho más que un show de circo.

El espectáculo te atrapa desde el primer momento y, durante 2:20 minutos se ve el gran trabajo y el equipo que hay detrás del escenario. La compañía El Circo de los Horrores ha conseguido llenar todas sus actuaciones durante sus días en la capital aragonesa.

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