Gloria Trevi, la diva del pelo suelto que triunfa en el Teatro Real
Gloria Trevi deslumbrante en el Teatro Real. Foto: María Tobajas
Minutos antes de comenzar el concierto, los fans se agrupaban en el hall del Teatro Real para poder ver de cerca a su ídola Gloria Trevi. Al apagarse las luces de fondo comenzó a oírse un taconeo. Diosa de la noche fue la canción que inauguró el recinto para dar rienda suelta a la energía del público. Sus bailarines personificados como animales y cubiertos de látex negro generaron un clímax absorbente.
Una noche llena de lentejuelas entre los diferentes vestuarios que desfilaron sobre el escenario. También, hubo hueco para hacer un pequeño homenaje a nuestra tierra. Con las primeras melodías de Esa hembra es mala, la cantante entró vestida de flamenca de la mano de dos bailarines vestidos con un traje de torero con los cuernos.
La artista retrocedió a los 90 para volver a sus inicios. Hombres y mujeres salieron al escenario con pelucas largas, de pelo suelto y enmarañado, acompañados por un outfit de la época. La maravillosa Trevi se puso en medio con el puño en alto para empezar a cantar Pelo suelto.
La artista con la voz algo rota nos transportó a esa época mientras nos contaba “Estamos en los noventa y ya dicen cosas bien feas de mí. Que si mi pelo, que si mi manera de ser… ¡Y lo que van a decir de mí en el futuro!”. Gloria ha demostrado a lo largo de los años que esos mensajes no le hicieron volverse pequeñita y ser una artista normalita. Le ayudaron a seguir luchando por ser como ella ha querido, por apostar por salirse de lo convencional y no dejarse influenciar por lo que otras personas pensaran de ella.
Con estas palabras nos introdujo a más clásicos como La papa sin cátsup o Dr. Psiquiatra. Un homenaje al siglo pasado, ya que los bailarines portaban un atuendo inspirado en Kubrick mientras la artista se acercaba a cada uno de los enmascarados con un bate de béisbol.
Tras una falsa despedida sonó su último single, Medusa. Compuesto tras haberse enterado que habían reabierto el caso que la tuvo encarcelada tres años y le dio uno de sus apodos más famosos: el ave fénix. Para dar paso al clásico más esperado de su repertorio, Todos me miran, quiso dedicar a sus fans “Acuérdate de que los que te odian te están mirando, y los que te aman también te están mirando”. Todo el público bailando y gritando hizo que la diva se despidiera de una noche inolvidable.



















