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“El sustituto”, una historia de nazis que posiblemente desconocías

Óscar Aibar ha presentado en el festival de Málaga su última película “El sustituto” en donde nos enseña que los monstruos que a veces nos aterrorizan no solo están en la ficción sino que conviven con nosotros y están mucho más cerca de lo que pensamos.

Este film ha reunido la ficción y la realidad que se gestó cuando el director se encontró sorpresivamente en un restaurante e Calpe con una fotografía de unos oficiales alemanes de la segunda guerra mundial disfrutando ante una mesa, una fotografía que databa de los años 50.

La existencia de antiguos nazis refugiados en España es un tema conocido. Y precisamente es en el año 1982 donde se ambienta la historia de Andrés, un joven policía de Madrid, que se traslada a un pueblo del Mediterráneo con su mujer y su hija buscando una mayor tranquilidad. La dudas sobre el extraño asesinato del inspector que ocupaba su puesto terminará desvelando una oscura trama sobre unos nazis refugiados en la localidad.

Con un guion muy medido que va dejando rastro de todos los elementos que después adquirirán importancia (el primer incidente con una pareja de desconocidos que supondrá el acceso al círculo de los alemanes, el rechazo de la mujer que justificará la posterior relación del policía, el juego con la navaja, etc.) asistimos a un relato que, organizado bajo el esquema de personaje que viene de fuera y descubre lo que todos ocultan, atrapa por su construcción narrativa solvente.

Los recursos del género policial están puestos al servicio de esa narrativa: la dualidad de la pareja formada por Andrés y el compañero ya mayor, Colombo (Pere Ponce), el surgimiento de una historia de amor unida a la investigación, la apelación a la dependencia del alcohol como etiqueta que acompaña a los perdedores o el juego con los grupos de secundarios. Sin embargo, ese relato policial, que se resiente un tanto al final de la película con alguna sorpresa —que se vislumbra de lejos— para cerrar el juego con los recuerdos del pasado, gana enteros al albergar dentro de su estructura toda una serie de referencias al momento histórico en que ocurren los hechos.

El presente y el pasado se mezclan en esta historia. La apertura y el cierre desde la actualidad hacen que el largo flashback que es El sustituto permita establecer una unión entre el pasado que nos cuentan y el tiempo actual. Una unión que traslada el sabor agridulce de su conclusión al tiempo actual y donde observamos cómo esa ilusión del cambio no fue todo lo que hubiera sido deseable pues al final ese estamento oligarca siempre sale impune.

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