De ‘Dolor y Gloria’ a la catarsis final: así fue el arrollador paso de Viva Suecia por El Pilar
Viva Suecia durante las Fiestas del Pilar en Zaragoza. Foto: M. Tobajas
Llegar a la carpa del Zity en pleno fin de semana de las Fiestas del Pilar tiene algo místico. Adentrarse en la multitud de fans de la banda era sumergirse en una marea de electricidad, cachirulos al cuello y ganas desbordantes de cantar hasta quedar afónico. Había muchas ganas de Viva Suecia, y la banda murciana no solo estuvo a la altura, sino que firmó una de esas noches que se quedan grabadas en la memoria colectiva.
Desde los primeros compases de arranque, con una contundente Dolor y Gloria, Rafa Val y los suyos demostraron por qué se han convertido en uno de los pilares indiscutibles del indie nacional. La comunión con el público fue instantánea: un mar de brazos en alto y miles de gargantas entonando cada verso de temas como Fuimos felices aquí, La voz del Presidente y Justo cuando el mundo apriete como si se les fuera la vida en ello.
El repertorio fue un engranaje perfecto entre rabia, melancolía y pura euforia rockera. Momentos como Sangre o Tu y yo contra los demás convirtieron el recinto en un auténtico terremoto emocional. Sin embargo, el punto de inflexión de la velada llegó cuando sonaron los acordes de No hemos aprendido nada y Hablar de nada: para entonces, la barrera entre escenario y pista ya se había disuelto por completo. Éramos un solo pulmón cantando a pleno rendimiento.
Viva Suecia, impecable y visiblemente emocionado con la respuesta del público zaragozano, agradeció en varias ocasiones la calidez de una ciudad que siempre los acoge como si jugaran en casa, después de 13 años. Hubo tiempo para la emotividad contenida y para el delirio colectivo cuando encararon el tramo final con El bien y, por supuesto, la atronadora Amar el conflicto.
Para cuando cerraron el setlist con Mala prensa, la catarsis era absoluta. Nadie quería que terminase el show de Viva Suecia; salir a la brisa nocturna de Valdespartera con los oídos pitando y la garganta desgastada fue la prueba indiscutible de que lo vivido no fue un simple concierto, sino un abrazo multitudinario e inolvidable en medio del bullicio de las Fiestas del Pilar. Un show de los que reconfortan el alma.