Canfranc se vistió de época para la promoción del “Asesinato en el Orient Express”
Huesca. Canfranc se vestía ayer de gala, bajo un aura de misterio y desconfianza ya que acogió ayer el acto de promoción de la nueva película basada en el libro de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express”. El acto no se limitó únicamente a presentar la película en la localidad, decidió aprovechar la oportunidad para dar a conocer uno de los atractivos turísticos más singulares y únicos del mundo ferroviario español.
Este atractivo turístico no fue otro el que el Tren Azul, la joya ferroviaria museística restaurada gracias a los esfuerzos de la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT), que ya desde las 7.30 horas de la mañana descansaba sobre los raíles de la estación Delicias de Zaragoza dispuesto a recoger a sus misteriosos pasajeros y transportarlos a lo largo de la geografía aragonesa hasta llegar a la que en otro tiempo estuvo considerada la estación ferroviaria internacional más importante de España.
A lo largo de un trayecto de algo más de cuatro horas, el tren, compuesto por seis de los ocho vagones que usualmente presentaba este convoy histórico, sirvió de ejemplo de memoria viviente para sus pasajeros, que acompasados por el traqueteo de las vías y azotados por las inclemencias temporales que los materiales de los vagones no acabaron de neutralizar por completo, vivieron en primera persona la experiencia de viajar en un tren de la década de los 40, con todos los inconvenientes (lógicos) que ello conlleva.
Los pasajeros tuvieron la oportunidad de recorrer sus dos coches cama, en los cuales las literas siguen habilitadas, pero también el coche restaurante, donde pudieron adquirir su desayuno, y los dos vagones museísticos que coronaban los extremos del convoy, y en los cuales la AZAFT expone de forma temporal dos exposiciones sobre el mundo del correo ferroviario. Y es que el más antiguo de los vagones de este peculiar tren databa de 1930, un dato que no ha pasado desapercibido a los viajeros, que ya desde el anuncio de las entradas de esta recreación histórica se lanzaron a su compra masiva completando el cupo máximo de 150 localidades en un periodo de apenas dos horas.
Además, el trayecto reservó más sorpresas a los viajeros, ya que tras una parada en Jaca, una treintena de recreacionistas históricos, vecinos de la localidad de Canfranc, irrumpieron en el tren con sus vestidos de época dispuestos a deleitar a los pasajeros con esta experiencia. Una labor que cumplieron rigurosamente, evitando en todo momento caer en los anacronismos, ocultando sus relojes digitales y dispositivos móviles.
A su llegada a la estación, cerrada en 1970, los vecinos recreacionistas protagonizaron una estampa histórica que ningún vecino de las proximidades quiso perderse. Algunos incluso acompañados de maletas y portasombreros de la época, fueron bajando de los vagones siendo recibidos por una marea que se asombró del detalle de sus trajes, que, lejos de contar en algunos casos con un simple traje de chaqueta y sombrero de copa, abordaron propuestas más arriesgadas y detallistas como el traje de guardia real del Alfonso XIII.
La estación fue el lugar donde tuvo lugar el acto de la película, que fue aprovechado asimismo para poner en valor el potencial de Canfranc como destino turístico de primer orden.