Jesús Carrasco: “En la novela hay un juego narrativo que es casi técnico”
Llévame a casa es la última novela de Jesús Carrasco con una historia familiar que refleja los conflictos de dos generaciones, la que luchó por salir adelante para transmitir un legado y la de sus hijos, que necesitan alejarse en busca de su propio lugar en el mundo.
Una historia de aprendizaje en donde una vez más Jesús Carrasco presenta a unos personajes formidables sometidos a decisiones fundamentales cuando la vida los pone contra las cuerdas.
Cuéntanos un poco con qué se va a encontrar el lector en Llévame a casa
Una historia con una estructura y un contenido sencillo, pero he intentado que debajo de esa aparente sencillez hubiera una carga de profundidad oculta. Es una historia familiar y doméstica muy reconocible.
¿Tiene parte autobiográfica?
Tiene partes que sí y otras que no. No voy a decir cuáles, pero, tampoco, puedo negar la evidencia. Cuando uno escribe sobre una familia inventada como es la de Juan Álvarez evidentemente la fuente principal está en la propia familia y en la que uno ha observado alrededor. Hay muchas anécdotas que son del ajuar familiar y están puestas ahí para que mi madre y mis hermanos los identifiquen como propios y, para que el resto de los lectores los identifiquen como reconocibles.
La novela comienza con el regreso de Juan, a Cruces, por el fallecimiento de su padre
Es un comienzo luctuoso porque empieza con la muerte de un personaje que ya no veremos más que en el recuerdo y en la imaginación de Juan y de los que dejó atrás. No pretendía ser un comienzo pesimista. Es un punto de partida para el personaje porque supone un cambio radical en su vida.
¿Cómo ha sido crear a Juan Álvarez?
Es un personaje que tiene mucho de mí, de algunas cosas que he hecho mal en la vida y otras que he hecho bien. También, es una observación extendida a hombres de mi generación y anteriores. Por ejemplo, el modo en el que se desentiende de sus responsabilidades filiales es muy reconocible para mí. Creo que la actitud de Juan es reconocible de no sentirse aludido por esa responsabilidad.
A través de Juan nos presentas a su hermana y a su madre ¿cómo ha sido recrearlo?
En la novela hay un juego narrativo, que es casi técnico, que es un narrador omnisciente en tercera persona, pero que está condicionado por la mirada del protagonista. Ahí hay un juego en donde Juan deja que por su mente pasen otros personajes. Por ejemplo, su hermana se presenta en su propio pensamiento para decirle aquello que no quiere escuchar. Juego con esas técnicas para presentar a los personajes de una manera indirecta desde la propia visión de Juan. Hay un momento que ellas se independizan y le dicen al lector lo que verdaderamente son.
En un momento dado el protagonista reflexiona sobre el concepto muy tradicional, sobre todo en el mundo rural, de pasar el testigo de generación en generación. ¿Esa idea de clan, de familia, se está resquebrajando hoy en día?
Juan ya lo dice en el texto, pero, definitivamente, esa generación se desentiende de esa parte del testigo. La novela asume una parte del testigo que tiene que ver con lo que él acomete como hijo, pero hay una parte que él no desea recoger que es no seguir con la empresa y las tierras de la familia.
“Y llega el día en que se acuesta uno y no ha dedicado un solo segundo de la jornada al ser querido. Esa es la verdadera muerte”, escribe. ¿Cree que este es uno de los pecados de nuestra sociedad cada vez más acelerada?
Alude un poco a que las personas están repartidas entre las memorias y las conciencias de los demás. Esto sucede un poco con las personas que mueren porque llega un momento en el que ya no te acuerdas de cómo eran. Yo me preguntaba si no será siempre el verdadero día de la muerte cuando el rastro que uno ha dejado en la vida ya desaparece de las personas que le quisieron.
En todos sus libros la muerte está presente de manera decisiva. Es un tema eterno, universal, vale, pero en su caso ¿por qué su obra siempre merodea en torno a esta cuestión?
Sí, es un pensamiento recurrente en mi vida y en mi forma de observar el mundo. No me paso el día pensando en la muerte, pero sí es un tema recurrente. En mi caso y creo que es un poco lo que se plasma cuando escribo tiene que ver, un poco, como un recordatorio, una llamada de atención porque sabemos que tiene que llegar. Entonces, cuando llegue nos arrepentiremos o no de lo que hemos hecho. Yo utilizo la idea de la muerte para recordarme que cada momento es único y así cuando llegue ese día tener la sensación de que he aprovechado el regalo que la vida me ha hecho.