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Raquel Ferrández: “Esta realización exige meditación y una disciplina vital”

En Sāṃkhya y yoga, Raquel Ferrández nos invita a pensar en las filosofías indias adaptándolas a una perspectiva contemporánea. Los planteamientos de ambas filosofías son de vital importancia para los practicantes de Yoga dado que representan un estudio pormenorizado de la mente humana y de los procesos cognitivos que atraviesa el practicante en su camino al autoconocimiento.


¿De dónde surge la idea de escribir este libro?

Este libro surgió, entre otras cosas, como un manual para la formación de profesores de yoga de la Escuela Om Shanti. En nuestra escuela le damos mucha importancia al estudio de la historia del yoga, y durante el primer curso de nuestra formación leemos los Aforismos del Yoga de Patañjali después de habernos iniciado en la filosofía Sāṃkhya. El propósito de este manual es acercar a los practicantes a estas filosofías, profundizando en las bases teóricas de las técnicas meditativas que luego aplicamos en la práctica.

En tu libro explicas el Samkhya como un mapa cognitivo para meditadores, ¿qué nos aporta esta filosofía?

La filosofía Sāṃkhya es bastante desconocida para los practicantes de yoga. Normalmente se la ha interpretado desde un punto de vista cosmológico, como si describiera el origen del cosmos y del ser humano, de un modo objetivo. En una lectura cognitiva, el Sāṃkhya nos aporta un mapa de las esencias o tattvas que componen la mente humana, y busca explicar cómo del encuentro entre una conciencia-testigo y un instrumento cognitivo, surge la experiencia y el sistema psico-motriz (el intelecto, el ego, los sentidos, las funciones vitales, etc). Conocer este mapa es importante a la hora de leer los aforismos de Patañjali, que están muy influidos por el Sāṃkhya y por el Buddhismo. Lo que nos aporta es una explicación de la naturaleza de la mente y un examen analítico de las piezas que la componen. La finalidad del Sāṃkhya, y también del Yoga de Patañjali, es dominar la mente hasta poder detenerla por completo, pieza por pieza. Para ello, primero hay que aprender a observarla: su funcionamiento, sus tendencias, sus inclinaciones, etc. Por eso hablo del esquema sāṃkhyano como un mapa cognitivo para meditadores. Concretamente, se trata del mapa del territorio que buscamos dominar y para dominarlo antes hay que aprender a conocerlo.

¿Qué relación hay entre el Samkhya y el Yoga?

El yoga de Patañjali se asume hoy como el yoga clásico o canónico, a nivel mundial. La mayoría de escuelas de yoga lo ofrecen como temario básico de sus formaciones. Como he dicho antes, una de las influencias fundamentales de este texto es la filosofía Sāṃkhya, por eso consideramos necesario que el practicante tenga unos conocimientos –aunque sean básicos– sobre el esquema samkhyano, la finalidad que persigue esta filosofía, etc, para comprender y estudiar después adecuadamente el texto de Patañjali. Ambas filosofías buscan llevar al practicante a la experiencia del aislamiento liberador (kaivalya) entre la mente y la conciencia-testigo. Esto no es simplemente una idea teórica, y su objetivo no es que el practicante asuma este aislamiento de forma meramente intelectual. Más bien, se trata de realizar este aislamiento, lo que implica una re-unificación definitiva de la conciencia consigo misma. A su vez, esta realización exige meditación y una disciplina vital, en la mayoría de los casos.

Los diferentes estilos de yoga que se practican actualmente, ¿se inspiran en el yoga de Patañjali?

Bueno, la mayoría reconocen el Yoga de Patañjali como el modelo canónico u ortodoxo del yoga. Pero la tendencia de este modelo es marcadamente ascética, y está pensado para una vida dedicada a la realización de esa liberación definitiva, que viene dada en forma del aislamiento entre la mente y la conciencia. La mayoría de los practicantes contemporáneos no comparten estos objetivos. Incluso si la motivación de la práctica es espiritual, creo que no se comparte ya este ideal de renuncia al mundo. Esto no significa que el yoga de Patañjali no tenga mucho que ofrecernos, en su descripción de los estados meditativos, de los obstáculos que atraviesa el practicante, etc. Sin embargo, en el caso de estilos de yoga más centrados en el cuerpo, o que incluso asumen un espíritu deportivo –ajeno totalmente al yoga de Patañjali– es difícil trazar una conexión entre la enseñanza de este texto y lo que refleja la práctica.

Finalmente, las técnicas y los objetivos evolucionan, ningún método de autonocimiento es algo estático, y el yoga no es una excepción. Pero lo que el método tiene de universal –el autoconocimiento– no debería corromperse, de lo contrario no podríamos hablar de una evolución sino sencillamente de un método o una práctica totalmente distinta. En este sentido, el yoga históricamente está mucho más asociado a la magia, a la alquimia, al esoterismo, a una llamada espiritual que transforma la vida de las personas, que a un fitness comercial vinculando a la salud y a la terapia. Pero para entender esto, hay que entender la evolución histórica que ha experimentado el yoga a lo largo de los siglos y especialmente a partir de los siglos XIX y XX. El estudio de esta historia por parte de los practicantes de yoga me parece fundamental, lo considero incluso una parte de la propia práctica. Y forma parte, sin duda, del temario de formación de yoga en la Escuela Om Shanti. Comprender la historia de las técnicas que practicamos es importante para conocernos a nosotros mismos. Nos dota de una comprensión que sobrepasa el momento presente, y nos ayuda a entendernos como parte de una humanidad que se ha ido haciendo, a lo largo de los siglos, preguntas muy similares acerca de la existencia, el mundo, la vida y la muerte,etc.

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