Julián Casanova: “Necesitaba escribir un libro que cubriera todo el siglo XX y toda Europa”
Julián Casanova nos deleita con su nueva obra Una violencia indómita. Con este libro el autor propone un nuevo enfoque de las manifestaciones de violencia, recurrentes y a veces continuas, que desde el terrorismo anarquista a las guerras de sucesión en Yugoslavia marcaron a sangre y fuego la historia del siglo XX europeo. En él sobresalen la violencia colonial, la limpieza étnica, el genocidio, la guerra y la violencia sexual, donde los verdugos, asesinos y violadores crearon sus propios rituales de tortura y muerte, practicados de forma individual o en grupo, vistos por muchos más, víctimas, testigos y aprendices de criminales.
A través de sus páginas seremos testigos de historias que se superponen y entrecruzan unas con otras, desde España a Rusia, desde el Báltico al Mediterráneo, para descubrir la lógica de la violencia.
¿Qué te ha llevado a querer escribir sobre estos temas para el libro?
Es una línea de investigación sobre la que llevo profundizando muchos años, pero decidí que necesitaba escribir un libro que cubriera todo el siglo XX y toda Europa.
Rompes con la visión franco-británica y le das más importancia a países del centro y este de Europa como España, Portugal, Grecia ¿Qué te lleva a mostrar países como estos?
La idea de que el siglo XX se divide en dos mitades, una primera violenta y con autoritarismos y fascismos y la otra, la segunda, democrática y pacífica sirve para una parte de Europa occidental y del Norte, pero no para la Península Ibérica, donde Salazar y Franco ya habían establecido dictaduras antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial y siguieron treinta años después de 1945, ni para Grecia, que tuvo en la dictadura de los coroneles un período de intensa represión y tortura, ni sobre todo para el todos esos países del centro y este de Europa dominados por el comunismo de la Unión Soviética.
Hay un aspecto que dejas muy bien definido en el libro y es que el siglo XX no empezó en 1914
El reparto oficial del gran pastel africano desde los años ochenta del siglo XIX significó un punto de inflexión para el nuevo imperialismo de las principales potencias europeas, que contagió a amplios sectores de sus sociedades con racismo, militarismo y etnonacionalismo.
Varios historiadores han identificado en los últimos años los componentes básicos que desde finales del siglo XIX allanaron el camino a la violencia que afloró con una fuerza e intensidad desconocidas en el continente europeo desde el estallido de la Primera Guerra Mundial: el nacionalismo étnico-racista; el imperialismo colonial; los conflictos de clase, agudizados por el triunfo de la revolución bolchevique y una crisis prolongada del capitalismo. Nada antes de 1914 había preparado a Europa para lo que iba a suceder, pero la violencia había esparcido ya sus semillas. Y la línea fronteriza entre combatientes y no combatientes había desaparecido en las colonias, donde mujeres y niños fueron también asesinados en guerras planificadas con políticas racistas y de exterminio

Una segunda premisa es que casi todo pasa por Europa Central y del Este
Desde las décadas finales del siglo XIX la península de los Balcanes se convirtió en un área de conflictos nacionalistas, donde los estados independientes de Bulgaria, Rumanía, Grecia, Serbia y Montenegro reclamaron concesiones territoriales a costa del decadente imperio otomano. En 1912 y 1913 hubo allí dos guerras, preludio de la Primera Guerra Mundial. Las dos revoluciones de 1917 en Rusia tuvieron un impacto extraordinario en toda Europa, el primer ejemplo de limpieza étnica y violencia genocida ocurrió en Armenia, las dos guerras mundiales fueron mucho más brutales y violentas en esa amplia zona y cuando las revoluciones de 1989 parecían colocar a esos países en la senda democrática quedaba Yugoslavia, que apareció desde comienzos de los años noventa en las portadas de todos los medios de comunicación, con historias de masacres, violaciones, expulsiones y desplazamientos de población.
Me ha parecido muy interesante que hagas referencia a otras partes de la historia que pudieron quedar relegadas a un segundo plano y no te centres exclusivamente en reyes
He dedicado muchas de mis investigaciones a la historia social, más allá de la historia político-diplomático-militar tradicional, pero en este libro transito por lo que llamo las carreteras secundarias, buscando las partes más recónditas de la historia del sigo XX, los paisajes y las gentes que no se ven en los relatos oficiales. Las fuentes históricas siempre son fragmentarias, iluminan algunos aspectos y acontecimientos y dejan otros en la oscuridad. Esos últimos son precisamente los que los historiadores debemos buscar. Y así lo he hecho yo en este libro
Esta violencia que se ha vivido en el siglo XX ya sea con el fascismo, la violencia sexual, colonialismo… ¿Por qué fue determinante esa violencia?
Es una violencia que siempre se dio como consecuencia de grandes quiebras, de imperios, guerras, revoluciones, cuando los Estados pierden el monopolio de las armas, surgen grupos armados y paramilitares que desafían su autoridad. Y en el siglo XX, con el advenimiento de la sociedad de masas, ya no puede ser solo una violencia protagonizada por unos pocos, hay amplios apoyos sociales, delatores, colaboracionistas, testigos. Y las ocupaciones, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, causaron estragos.
¿Cuáles son los hilos conductores?
La ideología de la raza y la nación, la lucha de clases, el antisemitismo. Pero detrás de esas ideologías y proyectos había individuos que tomaban decisiones concretas y estratégicas, cuyo protagonismo no puede ser ignorado. De ahí la relevancia que concedo a los actores políticos, principales y secundarios, casi siempre masculinos, a los Estados, a miembros de los movimientos paramilitares y terroristas, de la violencia revolucionaria y contrarrevolucionaria, de guerras y posguerras. Pero también a las mujeres y a los niños, que sufrieron más que nadie la arbitrariedad e inseguridad de las ocupaciones, deportaciones, el hambre y las epidemias.
En el libro haces hincapié en esa violencia sexual que desgraciadamente se ha dado siempre
La violencia sexual incluye la violación, mutilación, prostitución, el rapado de pelo, los matrimonios y embarazos forzados, pero en los episodios más extremos de deshumanización de las víctimas y de brutalización de los verdugos aparecieron también modos organizados y selectivos de consumar el exterminio por medio de ataques específicos a las mujeres.
Son manifestaciones de violencia sin fronteras ni límites, donde destaco las experiencias de odios por parte de los grupos paramilitares y contrarrevolucionarios frente a las “mujeres politizadas”, el genocidio armenio, la conquista nazi del este de Europa, la represión franquista y los castigos a las mujeres “colaboracionistas” en los días de la Liberación de Francia, para concluir con las violaciones masivas de mujeres alemanas y polacas por las tropas soviéticas al final de la Segunda Guerra Mundial y de mujeres musulmanas en la guerra en Bosnia-Herzegovina casi cinco décadas después.
Aunque el siglo XX estuvo marcado principalmente por dos grandes guerras, hay personas que dicen que para ellos solo hubo una. ¿Estás de acuerdo con eso?
Es la tesis de la guerra civil europea entre 1914 y 1945, con la que se quiere demostrar que hubo una especie de guerra de treinta años. Pero esa tesis no explica lo que yo llamé en un libro anterior Europa contra Europa, un conflicto multipolar de naciones, razas, religiones, clases e ideologías. Y la Segunda Guerra Mundial no acabó en 1945, como se demuestra toda la violencia que hubo en los tres siguientes años contra fascistas y colaboracionistas y antes de 1914 en los Balcanes y en las colonias se habían esparcido las semillas de todo lo que explotó después con la Primera Guerra Mundial.
Haces una mirada a la violencia contra las mujeres como un arma de guerra tanto en Bosnia, Alemania o incluso en España. ¿Por qué se habla tan poco de ello?
Fueron las violaciones masivas en Bosnia-Herzegovina a comienzos de los años noventa -y el subsiguiente reconocimiento internacional como crímenes de guerra- las que dieron legitimidad intelectual y apremio ético para estudiar la violencia sexual en otras guerras, posguerras y ocupaciones militares. La historiografía actual está incorporando ahora nuevas investigaciones y algunas de ellas son las que yo recojo en mi libro.