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Alberto Rojas: “El mundo de hoy le debe todo a lo que paso en ese momento”

Alberto Rojas publica Sangre de lobos, una novela negra que te adentra en el fascinante mundo del espionaje inglés y alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En septiembre de 1940 las divisiones de Hitler se encuentran en el punto álgido de su poder. En el Reino Unido, el último enemigo que le queda por vencer, el primer ministro Winston Churchill promete una lucha desesperada hasta el final y crea la Dirección de Operaciones Especiales (DOE).

Mientras tanto, en España Andrés Valdivia, un seductor de viudas y ladrón especializado en su propia supervivencia, trata de robar las joyas de las hijas y esposas de los diplomáticos extranjeros que permanecen en Madrid. Una delegación de jerarcas nazis visita la ciudad y asiste a una corrida de toros en Las Ventas. Un agente de inteligencia británico los fotografía y descubre una increíble semejanza entre uno de ellos y el ladrón que pretende el collar de oro de la mujer del embajador británico.

Ahí comienza el reclutamiento que lleva a Valdivia a la búsqueda de uno de los carniceros más despiadados de Alemania y a la de su propia identidad.


Trasladas al lector a esa parte de la posguerra española y a la Segunda Guerra Mundial

Llevo leyendo historias de la Segunda Guerra Mundial y siempre me han gustado mucho las historias de espías. La novela nace de ese viaje desde niño hasta hoy y, de la necesidad de escribir un libro que me sacara un poco de mi rutina personal en el periodismo. Estaba un poco cansado de la actualidad y de la no ficción. Necesitaba escribir sobre algo que realmente me motivara. Cuando empecé a pensar en la historia tuve claro que tenía que ambientarla en esta época.

En la novela podemos ver esa traición y esa Europa que no ha vuelto a ser nunca lo que anteriormente fue

Todo lo que pasa de 1939 a 1945 conforma la Europa que tenemos hoy, conforma nuestras fronteras y, también, la creación de estructuras supranacionales como la ONU para que no vuelva a suceder algo como lo que sucedió, las convenciones de Ginebra para que no se vuelvan a dar ese tipo de genocidios horribles. El mundo de hoy le debe todo a lo que paso en ese momento.

Aunque eres un aficionado a la historia, cuéntanos cómo fue el proceso de documentación para esta historia

Yo creo que me ha llevado toda la vida y sin intención de escribir una novela yo coleccionaba objetos de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, paquetes de tabaco, cerillas, horquillas de pelo… ya hace años que coleccionaba esos objetos y, luego esos objetos cuando yo pensé en escribir esta historia se los he ido añadiendo a los personajes para darles una capa más de realismo.

¿Qué ha sido lo más complicado para ti a la hora de llevar a cabo esta novela?

Lo que más me ha costado quizás es la parte de darles una vida emocional a los personajes. Yo soy un reportero y, al final, nosotros lo que hacemos es darle vida a todo lo que sucede, pero nos cuesta más identificar lo que cuentan o lo que sienten los personajes. Liberarlos de esa capa de emoción me costó porque no forma parte de mi trabajo.

Además, el lector se puede dar cuenta de que cada capítulo tiene varias escenas en varios lugares. Las escenas equivalen, en longitud, a lo que suele ser un artículo de prensa porque es la longitud a la que estoy acostumbrado. Cuando me sacan de mi zona de confort de lo que sucede y tengo que escribir sobre lo que piensan o lo que sienten ahí tengo que hacer un esfuerzo que yo normalmente no hago siendo periodista.

Cuéntanos quién es Andrés Valdivia

Para crear a Andrés Valdivia que es el personaje que sobrevive en un Madrid en donde acaba de caer la República y los franquistas intentan crear su estado totalitario de la época. Andrés tiene una cosa que aprendí de una persona a la que entreviste y que formaba parte del equipo que había matado a Bin Laden. Yo recuerdo que le pregunté ¿Cómo alguien como tú llega a ser un soldado de Estados Unidos preparado para este tipo de misiones más allá de las líneas enemigas? Él me dijo que cuando les hicieron la selección les juntaron en una isla para hacerles las pruebas a 300 soldados de las diferentes ramas de Estados Unidos. Ahí estaban los mejores. Me dijo que cuando les juntaron él ya pudo identificar de un vistazo las personas que iban a quedar seleccionados y los que no. Yo pude intuir y ver la determinación de los seleccionados mirándoles. Hubo soldados más fuertes que quedaron eliminados porque no tenían la solidez mental para soportar todo lo que nos metieron.

Eso es lo que yo quería que tuviera Andrés Valdivia. Él sería uno de los seleccionados para ese grupo de élite porque quizás no es el más fuerte, pero sí el más fuerte mentalmente. Andrés es un tipo que a la hora de la verdad no va a dudar.

En la novela, Andrés Valdivia tiene que enfrentarse tanto a un viaje como a su pasado

A mí me gustaba mucho la idea de que fuera un huérfano. Éstos como personaje siempre se suelen estar preguntando quiénes son, quiénes son mis padres… luego, en realidad, al escribir la novela me di cuenta que las historias que más interesan a los lectores tienen a huérfanos como protagonistas. En el camino del héroe, que es la estructura típica de la novela de aventuras, el protagonista es un huérfano. Yo no lo pensé y luego me di cuenta. Al final, estaba tirando de un recurso que había sido usado en grandes novelas de aventuras. En este caso el viaje es tanto exterior como interior para saber quién es realmente.

Es una novela con un ritmo muy trepidante

Ha sido un poco accidente y a la vez intención. Yo quería que la novela tuviera mucho ritmo y que se leyera bien. No me gustan los libros demasiado reflexivos o que tengan mucha descripción. Me gusta dejar que el lector imagine aquello que le estás planteando y que pasen cosas.

La novela tiene un ritmo alto porque yo decidí que lo tuviera. A la vez, tiene que ver con mi necesidad de ser conciso porque yo cuando tengo que escribir un reportaje sé que tengo una limitación de caracteres para escribir lo que ha pasado y eso te ayuda a ser mucho más conciso y no irte por las ramas.

Esta es tu primera novela, ¿cómo te sientes?

La verdad es que durante los primeros capítulos no sabía muy bien lo que estaba haciendo porque yo estoy acostumbrado a escribir reportajes y ya no tiene ningún misterio para mí, pero la novela sí que lo tenía. Cada vez que enviaba un capítulo a la editora siempre le preguntaba si era una novela, un guion de televisión o el qué porque ni siquiera yo sabía si me estaba saltando todas las reglas de la novela. Recuerdo que ella me contestaba tranquilo sigue escribiendo que es una novela.

Al final, para escribir un libro desde el principio tienes que tomar decisiones. Tienes que saber la historia que quieres contar, la época, los personajes con los que vas a contar y el ritmo con la que la vas a dotar. Una vez que tomas esas decisiones ya todo lo demás fluye por sí mismo. Yo llegué a estar tan metido en la historia que por las noches soñaba con lo que iba a escribir al día siguiente.

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