Víctor Amela: “Estos testimonios reflejan la inutilidad de la guerra”
Amela nos presenta Nos robaron la juventud, su nueva obra histórica. El autor recopila 25 testimonios de los adolescentes que fueron reclutados por el ejército republicano y movilizados en el Frente del Ebro y en el Frente del Segre durante el final de la Guerra Civil Española. Esta leva de jóvenes es conocida popularmente como la Quinta del Biberón.
Este libro es una especie de homenaje que realiza el escritor a todos aquellos adolescentes anónimos que sacrificaron su juventud y murieron por defender una causa inútil que no les correspondía. Amela utiliza las experiencias militares y las anécdotas personales experimentadas por estos jóvenes soldados para mostrar al lector la crueldad de la guerra.
El escritor reconoce que se interesó por esta temática desde los 17 años, momento en el que contempló impactado la herida de guerra que tenía su tío Josep en el pecho. Hablamos con el autor sobre su última obra, y esto es lo que nos contó.
Estas historias están reconstruidas a través de una exhaustiva investigación. ¿Cómo fue el hecho de sumergirse y de adentrarse en un tema tan controvertido como la Guerra Civil Española?
Este conflicto presenta actualmente una gran polarización mediática. La Guerra Civil Española se inició porque existían dos posiciones ideológicas totalmente irreconciliables. Las posturas políticas que defendían ambos bandos eran tan opuestas que provocaron el estallido de esta contienda.
No me importan los motivos que ocasionaron el comienzo de la guerra. En Nos robaron la juventud, pretendo mostrar y reflejar las dramáticas consecuencias que supusieron el inicio del conflicto y el desarrollo de la contienda para la población española. Quiero explicar por qué el gobierno republicano decidió enviar a miles de adolescentes a morir en la guerra.
Asimismo, deseo plasmar los sentimientos de terror y de miedo que profesaron estos jóvenes que fueron al frente a combatir y que fallecieron indignamente. Uno de los testimonios que he recabado me dijo una frase lapidaria: “Las guerras sólo sirven para que los que mandan envíen a otros a morir. En la guerra, fuimos carne de cañón”.
Quiero transmitir el sufrimiento encarnado en personas concretas. Esta trágica recopilación me sirve para aprender sobre la condición humana, ya que estos relatos atestiguan las reacciones que experimenta el ser humano ante una situación extrema.
Estos testimonios reflejan la inutilidad de la guerra y evidencian hasta qué punto la enarbolación de la bandera y la defensa de la patria provocan controversias que desembocan en conflictos armados. A pesar de que los auras de estos elementos parezcan nobles, estos fenómenos pueden ser muy dañinos y perjudiciales para la sociedad.
Usted rinde un homenaje a la Quinta del biberón, aquellas levas republicanas que se reclutan para combatir durante los últimos años de la Guerra Civil Española al ejército del Bando sublevado. Recopila 25 testimonios que narran las dramáticas experiencias de diversos protagonistas que participan activamente en el conflicto bélico. ¿Por qué decide recoger estas historias?
Existe una razón muy personal, por la que yo empecé a recopilar una serie de testimonios sobre varios supervivientes que formaron parte de la Quinta del biberón. El motivo principal radica en el hecho de que mi tío Josep, que es el hermano mayor de mi padre, fue reclutado y movilizado con 17 años por el gobierno republicano para luchar en la guerra, por lo que fue un integrante de aquel grupo de jóvenes soldados.
En el año 1938, este familiar combatió en el Frente del Segre y en el Frente del Ebro. El día de su decimoctavo cumpleaños, el uno de agosto, una bala le atravesó el pecho. Mi tío sobrevivió, pero el disparo le dejó una cicatriz permanente. Cuando yo tenía 17 años, la misma edad que él cuando fue enviado a la guerra, pude contemplar la herida.
El hermano de mi padre me mostró la cicatriz y me explicó cómo ese día presenció el fallecimiento de varios de sus compañeros de unidad y lo cerca que él estuvo de la muerte. Este testimonio me impactó profundamente. Con el paso de los años, le animé y le alenté para que me contara más anécdotas sobre la guerra, pero siempre guardó silencio.
Tras su muerte en el año 2005, decidí empezar a buscar a varios supervivientes de su quinta. Después de escuchar sus testimonios, me di cuenta de que estas personas tuvieron una juventud muy infortunada y desgraciada. Estos adolescentes todavía estaban en una etapa muy inocente de la vida y fueron obligados a enfrentarse a la muerte.
Creo que ha merecido mucho la pena recoger las memorias de estos combatientes, porque sus testimonios poseen unos detalles lacónicos y precisos. Estos relatos pormenorizados y concisos no suelen aparecer reflejados en los grandes libros históricos, ya que, en estas obras, los autores tienden a publicar únicamente los principales datos y fechas que rodean a los acontecimientos.
A través de Nos robaron la juventud, elabora una obra basada en la microhistoria, ya que recopila los testimonios de 25 personas que, de no ser por usted, pasarían inadvertidas.
En este libro, yo busco los detalles más remotos e impactantes del conflicto. Me interesa recoger la carta que le escribió un joven soldado a su madre. El adolescente le engañó y le dijo que se encontraba bien, pero realmente estaba pasando muchas penurias en el frente.
Asimismo, narro la pequeña delación que le hizo un militar a su compañero. Este individuo le traicionó y le acusó falsamente de un delito para obtener algún tipo de beneficio y de privilegio en las trincheras. Esta denuncia supuso la muerte del militar difamado.
Los soldados vivían una auténtica pesadilla con los piojos. Los jóvenes padecían una verdadera tortura por culpa de estos animales. Los militares se bajaban la cremallera para quitarse el uniforme y su cuerpo se teñía de rojo por la gran cantidad de piojos que aplastaban.
Considero que los historiadores no suelen incluir estos acontecimientos en sus publicaciones, pero creo que estos hechos interesan profundamente a la sociedad. De esta forma, busco las historias personales de una forma muy minuciosa. Nos robaron la juventud cuenta las vivencias de varios jóvenes que fueron obligados a combatir en la guerra. Publico sus experiencias bélicas para que estas memorias no se pierdan para siempre en el olvido.
¿Cuál es el testimonio más impactante y sorprendente que recoge en la publicación?
Mi tío redactó una carta a su madre con una máquina de escribir. Este hecho es un suceso insólito, ya que el joven era un mero soldado de bajo rango. La escritura de esta misiva me lleva a pensar que este familiar estuvo destinado en la tienda de los oficiales del frente.
Mi tío también redactó seis cartas manuscritas a su madre. La última misiva hallada fue creada el 19 de julio del año 1938. Este texto contiene un factor muy emocionante, pues posee una frase inaudita: “A ver cuál será el día en el que termine esta maldita guerra”.
Creo que mi familiar se atrevió a elaborar este documento, porque estaba en un puesto cercano a los oficiales y a los comisarios republicanos. Por lo tanto, sabía que no le iban a pasar censura. Si alguien hubiera leído esta frase, hubiera sido ejecutado mediante el fusilamiento. Los líderes militares republicanos acusaban de derrotismo y condenaban a muerte a los soldados que sostenían que el gobierno no iba a ganar el conflicto.
He recopilado el testimonio de algún militar que me ha contado que los comisarios comunistas ordenaban matar por la espalda a sangre fría a los soldados que no querían avanzar hacia la muerte y huían del frente de batalla.
¿Existió algún tipo de tensión y de pugna entre los propios soldados republicanos?
Durante la guerra, los militares tuvieron ciertas confrontaciones ideológicas y políticas entre sí. He plasmado en el libro una historia muy trágica y espiritual. Uno de los jóvenes que formó parte de la Quinta del biberón acabó convirtiéndose en sacerdote durante la etapa franquista.
Este chico tuvo que ocultar su fe religiosa a lo largo de la contienda, porque estaba rodeado de milicianos comunistas ateos que profesaban un marcado anticlericalismo. El protagonista de esta experiencia me dijo: ”Si mis compañeros llegan a saber que poseo una gran fe católica, me ahorcan en un pino”.
Este superviviente me contó que sus jefes militares llegaron a sospechar que era un seminarista, por lo que el joven soldado fue sometido a una dura prueba por los líderes republicanos. Los dirigentes le dieron muchas facilidades y le intentaron convencer para que se cambiara de bando, ya que las líneas franquistas se encontraban a escasos kilómetros de las trincheras republicanas. De esta forma, sus jefes trataron de comprobar su lealtad al gobierno de la II República.
El adolescente decidió no actuar, ya que temía que los soldados comunistas le tendieran una trampa en la huida o que el ejército franquista lo asesinara al creer que era un espía republicano. Este acto demostró a sus compañeros que no era un desertor y se salvó de una muerte segura. En realidad, los soldados de ambas facciones militares estaban continuamente en el filo entre la vida y la muerte.
¿Cómo vivieron el franquismo estos jóvenes soldados?
Durante el periodo franquista, la mayor parte de estos militares padecieron un gran aislamiento social y un profundo sufrimiento personal. Los sobrevivientes que habitaban en los grandes centros urbanos no sentían una intensa represión, pero vivían una grave tristeza interna. Estos individuos sabían que no podían quejarse de nada, pues temían meterse en algún lío. Estas personas eran conscientes de que si ejercían algún tipo de reivindicación o de protesta civil a la hora de denunciar su deplorable situación social, irían a la cárcel.
En las pequeñas poblaciones, estos individuos estaban señalados de por vida. Estas personas tenían que presentar una gran firmeza y un profundo temple para llegar a soportar el aislamiento y la soledad a la que eran sometidas.
Los republicanos no se atrevían a acudir a los bares de los pueblos. Estas personas sabían que serían denostadas y vilipendiadas y no se podían defender, ya que si contestaban a las ofensas y a los exabruptos, terminarían detenidos. Estos ciudadanos padecieron el robo de su juventud en la guerra y sufrieron el detraimiento social en su vida posterior. Estas personas vivieron reprimidas y aisladas en silencio hasta 1975, año en el que se produjo el fallecimiento de Francisco Franco.
¿Emplea en el libro algún recurso literario perteneciente a la novela histórica?
Sí que utilicé diversos recursos literarios en la obra Yo pude salvar a Lorca. En esta publicación, conté un caso real y veraz, que es el fusilamiento de Federico García Lorca por parte de las tropas franquistas, como si fuera una novela.
Disponía de una gran cantidad de información y me pareció muy útil y práctico explicar este acontecimiento histórico desde la perspectiva de un novelista. De esta forma, quería ser más eficaz y eficiente.
En esta obra, escogí a varios interlocutores que existieron en la vida real, y les di una serie de diálogos totalmente coherentes con sus vivencias personales. Sin embargo, me inventé a diversos personajes que hacían la función de enlace y de hilo conductor. Estos personajes servían para que la trama fluyera de una forma más dinámica y vertiginosa para el lector. Este recurso no lo aplico en Nos robaron la juventud.
En esta publicación, dialogo con mi tío muerto. Le hago una serie de preguntas sobre su experiencia en el conflicto y hablan en su nombre los 25 supervivientes que participaron en la contienda. Cada uno de los sobrevivientes con los que interactúo en el libro responde una cuestión que le planteo a mi familiar.