Miguel Hurtado: “Fui el primer denunciante del caso de la Abadía de Montserrat”
Miguel tenía 16 años cuando Andreu Soler, un monje benedictino de la abadía de Montserrat abusó sexualmente de él. Tras un largo proceso de recuperación, decidió luchar contra los abusos y se convirtió en la primera víctima que denunció públicamente el encubrimiento de la pederastia en Montserrat. Desde hace años, él compagina su trabajo con su activismo porque estas personas no salgan indemnes ante los hechos que cometieron.
Manual del silencio está basado en una historia real. ¿Cómo te has sentido al escribir todo lo que has vivido?
Escribirlo ha sido muy terapéutico. Yo esta historia ya la había contado antes, parte de ella públicamente en los medios y parte de ella en privado con mis amistades. Lo que no había hecho nunca era la reconstrucción de toda la trayectoria de forma cronológica, etapa tras etapa. Te hace revivir las emociones porque cuando hablaba de la infancia era como volver a ella, cuando hablaba de la adolescencia era volver a la adolescencia e iba rememorando lo que era la etapa y, también, los cambios que ha ido habiendo en cada momento de la vida.
Una cosa que ha sido muy terapéutica es que en muchas partes de mi biografía, el mensaje que había recibido de mi entorno, de mi familia, de la comunidad católica era que esto es un secreto, que no se cuenta y que los trapos sucios se lavan en casa. Cuando escribes una biografía es un acto muy íntimo porque rememoras tu vida y, también, es público porque estás exponiendo tu vida a la sociedad.
El hecho de que no hubiera secretos fue muy muy terapéutico. Ya no había más preocupaciones de lo que podías contar o no.

¿Qué ha sido lo más complicado a la hora de escribir el libro?
La sensación de convertirme en una Casandra, la mujer del mito griego, que advierte sobre los desastres, pero nadie le escucha y, al final, sucede. Esa sensación de decir yo voy a lanzar una advertencia de cuál es problema y cuál es la solución y nadie me va a escuchar porque es lo que me ha pasado toda la vida, desde que soy un niño. Yo he advertido a mi familia, a mi iglesia, a mi comunidad y no me han hecho caso. Al final, lo que yo había advertido se ha cumplido. Lo que más miedo me daba es que de aquí a 30 años alguien mirara el libro y dijera que en la sociedad española ya hubo una advertencia y nadie quiso escucharla.
¿Por qué decidiste escribirlo?
Fue por una serie de circunstancias. Yo a principios de 2019 fui el primer denunciante del caso de la Abadía de Montserrat. Denuncié que el responsable del grupo scout, el hermano Andreu Soler, era un pederasta y, después de mi denuncia surgieron algunas más. El escándalo llegó a tal punto que la Abadía de Montserrat tuvo que publicar un informe interno en el que reconoció que el hermano era un depredador sexual y que había abusado, al menos, de doce menores durante 30 años.
Una vez que el caso salió a la luz, editorial Planeta contactó conmigo para ver si estaría interesado en contar mi historia y estuvimos hablando sobre el enfoque que le querían dar. Yo, desde el primer momento, les expliqué que no creía que mi historia individual sea interesante. Lo que creo que es muy interesante es utilizar un relato individual para poner el foco sobre un problema estructural y sistemático de cómo funciona el sistema de encubrimiento; quién lo ha creado; por qué sigue vigente y funcionando a pleno rendimiento después de tantos años y de tantas crisis; qué impacto tiene en las víctimas y en nuestras familias y, sobre todo, qué tiene que pasar para desmontarlo. En España el sistema de encubrimiento de la pederastia clerical sigue funcionando muy bien, pero en otros países se ha desmoronado como en Estados Unidos, en Chile, en Irlanda… Me parecía muy interesante porque he conocido muchos activistas de esos países y quería explicar por qué ahí sí y aquí no, en qué hemos fallado los españoles.
El caso de Montserrat ha sido uno de los mayores escándalos en Cataluña
Fue un hecho muy controvertido en Cataluña porque para ellos Montserrat es un símbolo religioso y nacional y, la virgen de Montserrat es patrona de Cataluña. En España, también, ha habido muchos otros casos potentes sobre todo en órdenes religiosas como los Maristas, los Jesuitas… Han salido muchos casos y no ha habido un nivel de indignación social o indignación institucional proporcional a la gravedad de lo que ha salido a la luz.
Como has comentado en otros países se ha hecho mucho y en España todavía falta mucho por hacer a pesar de que El Vaticano haya empezado a tomar medidas
Yo creo que el principal problema es que el Papa Francisco no puede limpiar la iglesia. La iglesia la tiene que limpiar la policía, la guardia civil y la justicia. Abusos sexuales a menores es un delito y, por lo tanto, tiene que ser juzgado, investigado y condenado por la justicia.
¿Por qué esto no ha pasado? Porque la justicia española está entre mala y muy mala, tiene lagunas muy importantes. Hay leyes muy útiles que se están aplicando en otros países que en España los políticos se cierran en banda. Una por la que hemos estado peleando y batallando mucho es la reforma de los plazos de preinscripción porque las víctimas tardan décadas en poder denunciar los abusos y para entonces el delito ya ha preinscrito.
Tal y como cuentas en el libro, tú lo viviste así
Exacto. En mi caso cuando consulté con un abogado tampoco era tan mayor. Yo tenía 22 años y me dijeron que el delito había transcrito a los 21. No es realista. Esto fue lo que sucedió en mi caso. Cuando me fui a vivir a Inglaterra a mí me sorprendió mucho que los delitos de pederastia son imprescriptibles. Yo veía que los medios de comunicación ingleses hablaban todo el rato de depredadores sexuales que habían abusado de críos en los años 60,70 y 80 y que entraban en prisión. Recuerdo que me pregunté cómo en Inglaterra podían tener esa ley tan buena y en España teníamos esta ley tan desastrosa.
A raíz de eso, en 2016 lancé una campaña en change.org y conseguimos medio millón de firmas, entregamos las firmas en el congreso y pusimos el tema en agenda política. Les dijimos a los políticos que se lo tenían que estudiar porque la ley no funcionaba. Eso pasó en 2016 y en 2020 todavía no ha cambiado la ley.
En el libro reflejas muy bien ese caso y está ayudando a la gente a conocer estos hechos de una manera más profunda porque hay mucha gente que desconoce lo que realmente está pasando o ha pasado a lo largo de los años
Yo creo que había una parte importante de hacer pedagogía, no de educar. Yo creo que un poco a la hora de escribir el libro te planteas el enfoque que le quieres dar y centrar un poco la historia en lo traumático y desgarrador tampoco ayuda tanto. Me pareció que era más interesante un libro basado en soluciones, no en el problema. Hubo una frase que escuché una vez y que a mí me gustó mucho que fue “Convencer a la gente que el infierno existe no te da claves para saber cómo sacar a la gente de él”. Este libro no intenta convencer a la gente de que existe el infierno de la pederastia clerical, lo que intenta es dar claves y herramientas para ayudar a salir de ahí.
Cuentas que desde el primer momento querías denunciar lo que te había pasado, pero que hubo personas, como tus padres, que te decían que no denunciaras
Algo que menciono en el libro es el choque generacional. Mis padres eran de la generación del catolicismo y la posguerra, que era con los poderosos no te enfrentes, con la iglesia menos, los trapos sucios se lavan en casa y la mejor manera de afrontar el trauma es pretender que no existió nunca. En cambio, yo soy un hijo de la democracia que me crie con una cultura distinta y cuando sucedieron los hechos, yo lo que tenía claro es que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley. No puede haber una doble vara para medir, una para los curas pederastas y otra para otro tipo de pederastas. Para mí lo que pasó cuestionaba todas las creencias éticas y morales que me habían dado en mi escuela, en la iglesia, en mi casa… Ellos me habían enseñado que tenía que luchar contra el abuso del poder, que hay que defender a los débiles, a los vulnerables y, ahora en la práctica, estáis haciendo todo lo contrario únicamente porque la institución que lo ha hecho es muy poderosa.
Tuve que ser frustrante para ti ver que no se hacía justicia con estos temas
Claro, eso es algo muy importante porque los niños y los adolescentes dependen de su entorno y, muchas veces los abusos ocurren en el entorno de confianza. Cuando esos abusos ocurren en el entorno de confianza, la reacción automática es cerrar filas, barrer la mierda bajo la alfombra, los trapos sucios se lavan en casa y esto no trasciende. Para que la víctima pueda romper ese silencio tiene que independizarse de su entorno de origen. Esto es un poco lo que cuento en el libro, cuando vine a Madrid huyendo de Barcelona y como no era lo suficientemente lejos tuve que irme a Londres porque tenía que salir de España. Cuento como te vas haciendo lo suficientemente adulto y tienes las herramientas para elegir por ti y hacer las cosas como tú quieres ética y moralmente. Eso es una liberación porque recuperas el control sobre tu propia vida y sobre tu propio relato y narrativa.
El apoyo de tus amigos fue muy importante para afrontar la situación que estabas viviendo.
Creo que es una cosa muy importante. El abuso sexual es una traición, te hace desconfiar de otras personas y es una secuela muy dañina. Para mí fue muy sano y reparador encontrarme con gente maravillosa tanto en Barcelona, Madrid o Londres. Ellos fueron gente que me acogieron y me escucharon. Poco a poco te vas sintiendo en un ambiente seguro y vas lamiéndote las heridas. Yo he sido capaz de hablar públicamente de lo que sucedió con los medios de comunicación, con los periodistas y con gente que no conozco de nada porque yo he podido hablar con amigos en privado mucho sobre este tema y han estado dispuestos a escucharme aunque, fuera una historia muy dura. Esto me hizo recuperar un poco la confianza en las otras personas y tener espacio para verbalizar y contar mi historia. A base de contarla encontré la manera de explicarla para que la gente, al ser una historia tan dura, fuera capaz de escucharla. Al principio, como todavía estaba muy dolido, cuando la contaba la gente decía que esto era muy desagradable y no lo quería escuchar.
Te has convertido en todo un referente internacional en la lucha contra estos abusos. Has ido a protestas y has participado en el documental de Netflix: Examen de conciencia
Este documental surgió en Cataluña porque yo creo que es la parte de España en donde han salido más casos y de forma más temprana. En Cataluña hubo un caso muy potente que fue el de los Maristas. A raíz de esto, el Grupo Zeta, que era propietario del periódico que era el que había investigado el caso, se dio cuenta que a nivel de periódico se quedaba corto y que había que hacer un documental. Empezaron a recopilar casos y a hablar con Netflix para conseguir un acuerdo de distribución. Dio la casualidad que justo por las fechas que yo quería denunciar el caso, el documental se iba a estrenar. Albert Solé que era el director se puso en contacto conmigo, estuvimos hablando, me gustó mucho el trabajo que había hecho anteriormente y me gustó que el documental intentara poner el foco en lo estructural y en el sistema. Yo le expliqué mi caso, le enseñé todas las pruebas y evidencias que tenía y él decidió que era importante denunciarlo públicamente. Y fue así como salió el documental a la luz.
En el libro, también, hablas sobre las historias de otras personas que conociste en Buenos Aires. ¿Por qué decides incluir estas historias?
A mí lo que realmente me interesaba mucho era que este libro no se quedara como un poco un manual de autoayuda. Yo quería poner el foco en que hay determinados problemas que una persona sola no las puede cambiar, necesitas una acción colectiva o un movimiento. A mí lo que me interesaba era reflejar a todos o algunos activistas de los diferentes países que están trabajando de forma colectiva para cambiar las cosas y mostrar que, aunque, al principio no se den muchos frutos, a la largo es lo que produce los cambios sociales.
El hablar de las historias de otros países permite por una parte decir esto no es mi historia solo, que esto está pasando en todas partes y lleva años pasando. Por otro lado, decir esta es la gente y esta es la forma en cómo se pueden cambiar las cosas.
Otro de los hechos que nombras es lo que publicó el periódico Boston Globe con caso de Spotlight y la Organización de Víctimas Norteamericanas de referencia (SNAP)
Sí, esta Organización de Víctimas fueron las que destaparon el caso del Boston Globe y a mí lo que me pasaba es que como no recibía ningún tipo de ayuda de mi entorno pensé en irme fuera porque aquí en España no había nada. Empecé a ir a conferencias de Estados Unidos, me acogieron con los brazos abiertos y me enseñaron casi todo lo que sé. Me explicaron cómo hablar con los medios, cuál es la forma de contar esas historias de una manera más afectiva, me enseñaron cómo realizar una propuesta… todas estas herramientas me fueron muy útiles cuando yo decidí contar mi historia en España.
¿Por qué has decidido llamar el libro El manual del silencio?
Lo que yo tenía muy claro es que quería poner el foco en lo estructural y en lo sistémico. Una de las cosas que me acordé fue que cuando iba a conferencias internacionales de víctimas en Polonia, Italia, Irlanda, Latinoamérica o países anglosajones éramos muy diferentes a nivel cultural y muchas veces no nos entendíamos y necesitábamos traductores. Sin embargo, todos contábamos la misma historia. Bromeando decíamos que parecía que todos los obispos se leían el mismo manual. Luego, investigando descubrí que eso era verdad, que El Vaticano había diseñado, implementado y perpetuado un protocolo, un manual de encubrimiento y había ordenado a los obispos de todo el mundo que lo cumplieran. En el libro explico eso y de ahí viene el título del libro. Quiero decir que no es casualidad que todas las historias que estáis leyendo en todo el mundo sean iguales, aquí ha habido una institución jerárquica y las órdenes han llegado de arriba a abajo. En el tema de la pederastia clerical todos los caminos llevan a Roma. El Vaticano ha creado el problema y El Vaticano debe implementar la solución.
Podemos decir que para ti el escribir este libro ha sido como un momento de sanación
Sí, de que ya no hay ninguna experiencia del pasado que tenga atravesada, que no haya superado o que una y otra vez le esté dando vueltas al mismo tema o por qué habían sido las cosas así. En este caso cuentas cómo paso, la forma en la que te hubieran gustado que fueran las cosas y te reconcilias un poco con el pasado. Con esto pasas página, te centras más en el presente y en el futuro.
¿A ti personalmente esto te ha hecho más fuerte?
Yo creo que sí. Hay una frase que menciono en el libro de Eleanor Roosevelt que dice: “las crisis te hacen más fuertes porque sabes que puedes superarlas y cuando en el futuro haya dificultades tienes el convencimiento de que esto también pasará porque has sido capaz de afrontar situaciones difíciles en el pasado”. La sensación que tú tienes cuando algo te da miedo es acordarte de las cosas que has hecho en el pasado que fueron tan complicadas y te dieron tanto miedo. En mi caso acordarme de lo difícil que fue dejar Barcelona para ir a Madrid; como aún bajo los efectos del trauma tuve que empezar a independizarme; acordarme de cuando me fui de Madrid a Londres; acordarme de la primera vez que hablé con los medios, de cuando fui a la primera conferencia de supervivientes o la primera vez que conté los abusos a un amigo. Toda esa serie de experiencias que te han dado miedo, pero, sin embargo, has vencido al miedo para intentar, aunque a veces haya salido bien o mal, dar una sensación de mayor confianza para decir si en el pasado ha funcionado en el futuro por qué no va a funcionar.