Miguel Gane: “Todo lo que ha pasado en la novela ha pasado en el día a día”
"Cuando seas mayor", la primera novela de Miguel Gane. Foto: M. Tobajas
Con más de 48.000 seguidores en Twitter, 310.000 en Instagram y 106.836 en Facebook, el escritor Miguel Gane consiguió hacerse un hueco en la poesía en unos tiempos que no son fáciles para la cultura. Ahora, se ha animado a publicar su primera novela Cuando seas mayor, una historia honesta y muy personal que ya ha conseguido atrapar a miles de lectores.
¿Qué te ha llevado a cambiar ese registro de escribir poesía a publicar tu primera novela?
El primer factor es que yo tenía una historia que contar y la forma que yo encontré para contar mi historia era a través de la novela, lo que me daba mucha más libertad de espacio para poder moverme y tener una amplitud más general y no tan concreta como en la poesía. Otro factor es que quería llegar a un público que no está acostumbrado a leerme a mí, es casi una apuesta que quisimos hacer desde la editorial. El último factor es porque yo lo sentía así. Sentía la necesidad de usar el altavoz que tengo ahora, gracias a la poesía, para escribir esta novela y creo que la historia que cuento es una historia muy personal.
Digamos que es una novela autobiográfica en donde también has incluido otras historias de gente que conoces
Un 70% u 80% de la novela es autobiográfico y el otro restante es de gente que ha pasado por mi vida a lo largo de estos años como familia, amigos de la familia… Digo que es una historia real porque ahí entra un poco ese factor de realidad porque todo lo que ha pasado en la novela ha pasado en el día a día.
La novela trata sobre una familia de Rumanía que tiene que irse a España para poder tener un futuro
En este mundo somos 24 millones de rumanos de los cuales 5 millones somos inmigrantes. Inmigrantes que comparten esta misma historia de ser una familia y tener que salir a buscarse la vida, fuera de su país, porque ahí no tienen la oportunidad. En este caso tienen que venir hasta España para sentir que tienen una vida y que en lugar de sobrevivir empiezan a vivir. Hay muchos factores comunes en nuestra inmigración y sus causas. Apenas se ha escrito sobre la inmigración de Europa del este y yo quería ilustrar también ese motivo de hambre, basura, miseria…y cuando llegamos aquí te puedes encontrar con exclusión social, racismo o xenofobia. En el libro quería juntar esos factores para dar a entender a la gente que vive aquí, el sentido de nuestra inmigración y que sepan algo más sobre nosotros.
En la novela la voz principal es la del niño, ¿qué motivo te ha llevado a elegirlo a él para contar la historia?
Vivimos en un mundo en donde básicamente no escuchamos a los niños. Creemos que no tienen cosas importantes que decir, pero sí que las tienen y por eso yo escribí esta novela desde la voz de un niño. Yo casi quería obligar a los adultos a escuchar a las cosas que tienen que decir los niños y que por decirlo de alguna forma simple o sencilla no significa que sea menos válida de como lo puede decir un adulto. Sin embargo, no todo el rato he mantenido la voz del niño. Hay partes en las que uso la voz de adulto para ciertas reflexiones, no desde el punto de vista de la tercera persona, es decir del narrador, también desde la primera persona. Me he permitido esa libertad de licencia literaria que el lector seguramente entienda.
¿Te costó mucho meterte en la voz del niño?
Sí, porque si te decía que es una novela autobiográfica ha sido como abrir un cajón en donde tenía muchas cosas guardadas, las he tenido que sacar y ponerlas sobre la mesa. He tenido que contar esas cosas con una voz inocente, sencilla y poco madura muchas veces y que a veces te provoca cierta risa. Sí que te cuesta porque es volver a pensar como un niño. Creo que los seres humanos no tenemos que perder nunca ese sentimiento de la infancia porque nos tiene que acompañar a lo largo de la vida. He intentado acogerme a esa naturaleza implícita que yo sigo manteniendo, pero la mayor parte ha sido de volver a mirar atrás y escribirlo.
La novela comienza con ese momento en el que el niño espera que Papá Noel le traiga unos soldaditos de plástico, en lugar de eso, se encuentra con unos plátanos, unos calcetines y un huevo kínder
Quería empezar la novela con un capítulo fuerte, con un capítulo que marcase a los siguientes, que guiara al lector y le dijese te vas a encontrar esto en los siguientes capítulos que es miseria y pobreza. Cuando muchas veces decimos Papá Noel no me ha traído el regalo que yo quería y cuando lo que tú querías era una nimiedad es cuando ves que no ha tenido la capacidad económica de traerte lo que querías, pero por suerte te ha traído otra cosa, como en este caso que fueron los plátanos, los calcetines y el huevo kínder. En ese momento creo que el lector entiende que el personaje del niño se va a conformar con lo que tiene y no va a pelear porque Papá Noel le traiga lo que quiere o no va a pedir más porque su familia no puede permitírselo.
A lo largo de todo el libro reflejas muy bien la forma de vida que había en Rumanía, ese estancamiento en donde parece imposible progresar
Esa dualidad es con la que me pego jugando durante todo el libro, sobre todo en la parte final. También, en mí día a día como emigrante siempre se nos pregunta por qué viniste. No se sabe mucho sobre mi país en el año 2000 ya que este libro está ambientado entre 2000, 2002 y 2004 que es cuando más gente huyó para buscarse la vida en otro país. Otro de los motivos para escribirlo era para limar un poco esa brecha que existe entre el rumano y el español. Cuando aquí dices rumano parece que ya se te vienen a la cabeza ciertos adjetivos. Otro de los motivos es para luchar, cambiar un poco eso y para demostrar que somos unas personas en donde las generalidades nunca son buenas.
En el momento que relatas el viaje hacia España cuentas esos momentos en los que os tuvisteis que enfrentar a hechos como los controles de seguridad
En el trayecto veníamos de un pueblo de 5.000 habitantes, un pueblo simple y sencillo en donde no pasaban grandes cosas. Ahí no teníamos conciencia de racismo o xenofobia porque ahí no se practicaba. Los rumanos muchas veces sí que conocemos el trayecto por el mar Mediterráneo y en este caso lo que teníamos que hacer era sobornar a los policías porque sabían que veníamos aquí a trabajar. Un capítulo muy duro es cuando uno de los personajes secundarios no tiene para pagar y le echan del autobús. En ese momento, el niño con toda su inocencia se pregunta si eso es lo que vale una vida, 20 euros.
El relato en el que el niño ve por primera vez el agua de la ducha y del grifo se dice la frase “Me sentí raro, tal vez diferente, pero no mejor que antes”
Sí que me sentí diferente porque escuchaba el agua de la ducha y yo no había tenido ducha hasta ese momento, no había tenido agua caliente, ni inodoro. En este caso la primera vez que yo me enfrenté a un inodoro tuve que tirar varias veces de la cadena para creérmelo, me sentí raro y diferente, pero es verdad que no mejor que antes porque yo pensaba y pienso en la gente que se quedó ahí porque no tuvo la valentía o no encontró la oportunidad para huir de Rumanía y yo por haberla tenido no me siento mejor que ellos. Yo sé y el personaje del niño ha sabido toda su vida lo que es no tener y ahora que tienes no te vas a sentir con ese sentimiento presuntuoso de yo tengo y tu no.
Además, el niño en todo momento se acuerda de las personas, amigos y familiares que dejó en Rumanía
Totalmente. Ser inmigrante es perder y es dejar muchas cosas atrás. A mí lo primero que me quitaron fue el nombre, pierdes la identidad y tienes que empezar a construir una nueva, pero los recuerdos no los pierdes porque son los que te han marcado de por vida. Esa añoranza y melancolía por volver a hablar con los amigos del pueblo, por volver a jugar con los compañeros de clase se mantiene a lo largo de fragmentos del libro porque yo veía necesario echar la vista atrás de vez en cuando.
¿Qué dirías que ha sido lo más complicado para ti a lo largo de la creación del libro?
Desde encontrar un sitio en donde estar a gusto y poder escribir a la constancia que necesita una novela, hasta la construcción de los personajes y el poder encajar las piezas del puzle. Muchas veces era complicado hacer esto porque soy una persona muy exacta y me encanta salirme de los esquemas, pero no con mi trabajo. Con mi trabajo quería ser puntilloso y no dejarme cabos sueltos y eso fue bastante complicado porque fueron muchas horas de lectura, de corrección y viceversa.
Es una novela que tiene su parte dura, conmovedora y a la vez esperanzadora. Escribirla ha sido para ti como “curar una herida”
Desde luego que sí, no sé si era una herida que estaba abierta o más bien encerrada. La herida estaba en un cajón a la cual no me había atrevido a enfrentarme porque no había encontrado el momento, las fuerzas, ni las ganas. Ahora sí que lo he encontrado y he sacado todo lo que llevaba dentro, lo he ordenado y lo he vuelto a dejar en el cajón, pero sé que si lo vuelvo a sacar no me va a hacer daño porque ya hablar de ello no me hace daño y lo primero es que para curar hay que escribirlo. Mi caso fue así, tuve que tirar para adelante, ser valiente y tuve toda la confianza de mi equipo editorial, el apoyo de la familia y eso me ayudó mucho. Una herida sí que he curado y ahora lo que intento es curar la herida social que hay entre mi gente y la gente de aquí.
¿Te planteas seguir escribiendo novela o volverás a la poesía?
Esto es una coma en mi carrera literaria. Voy a intentar hacer una combinación de las dos. Siempre que tenga una historia que contar y yo considere que es digna de contarse la voy a contar a través de una novela. No quiero dejar la poesía de lado porque es algo que llevo escribiendo muchísimos años, es algo que me apetece hacer, creo que todavía me quedan cosas que decir y necesito cosas nuevas para escribir poemas. Yo estoy constantemente intentando actualizar los sentimientos y seguir por el camino de la poesía, pero, también, por el camino de la novela.