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Diego Sánchez Aguilar: “Me cuesta mucho separar la ansiedad, el cambio climático y el capitalismo”

Los que escuchan, la segunda novela del escritor cartagenero Diego Sánchez Aguilar en el prestigioso sello barcelonés Candaya, promete atrapar, remover e incluso cuestionar al público con un texto al mismo tiempo ambicioso y adictivo, comprometido y rico, inteligente y emocionante. En un futuro inmediato en que las soluciones tecnológicas al cambio climático ya no surten efecto, la incertidumbre y el miedo al colapso empiezan a generar consecuencias sociales, psicológicas y políticas en un Occidente sin rumbo que baila con el caos.


Los que escuchan podemos decir que es una novela de ansiedades

Sí, es un intento de retratar lo que veo a mi alrededor que es, al final, lo que hago tratando de mostrar el presente y la realidad. En esta ocasión quise retratar la ansiedad en tres claves porque no es una novela de psiquiatría. Veo mucha gente con ansiedad ante el cambio climático o ecoansiedad que está sobre todo en el personaje de Esperanza, ansiedad laboral que está reflejado en el personaje de Asunción y en el personaje del niño que se llama Andrés reflejo la ansiedad por el éxito. Creo que esta ansiedad por triunfar, competir o el miedo al fracaso puede competir con las otras.

Novela sobre el presente, pero no sobre la actualidad

Yo creo que la actualidad es un poco la materia prima, pero yo creo que la actualidad para la prensa, para la historia, sociología, pero para la literatura me gusta hacer una abstracción. En la novela no quería hacer referencia a ningún país, ciudad, año… todo sucede en una sociedad que reconocemos, aunque hay elementos extraños pero no de actualidad. Hay un personaje que está claramente inspirado en Greta Thunberg, pero no lo he llamado así y la convierto en otra cosa. Yo creo que la literatura tiene que mirar el presente, pero no la actualidad. La actualidad tiene que ser para los periódicos.

El hecho de no contar con espacios concretos en la novela permite al lector centrarse más en los personajes

Esa era un poco la idea. Estas ansiedades las considero algo occidentales a pesar de las diferencias que se pueden encontrar entre cada país o ciudad. Al final, las sociedades occidentales se parecen mucho todas y la ansiedad está por igual. Los personajes tienen la sensación de que no paramos de correr, no vemos el final de esa carrera y ahí es donde se demuestra continuamente esa ansiedad.

No te quedas en la superficie de estas cuestiones, vas hasta la profundidad para interpelar al lector

Sí, era otra de las ideas de mi novela. No quería hacer una novela superficial ni maniquea. Esperanza y Asunción son dos personajes contrapuestos que tienen una visión de la vida completamente diferente. He intentado hacer que una fuera la buena y otra la mala, son personajes llenos de complicaciones. He intentado darles muchos matices a los personajes para que sea el lector el que entre en ellos, los juzgue y decida.

Este libro también habla del capitalismo que lo engulle todo

Me cuesta mucho separar la ansiedad, el cambio climático y el capitalismo. Creo que todo viene de ese mismo concepto. El capitalismo es una gran ideología que lo absorbe todo y que está difuminada por todas partes. No podemos decir que somos o no capitalistas porque no tenemos opciones. El capitalismo se ha convertido en la forma en la que vemos el mundo y en el aire que respiramos aunque no queramos.

Hay una puerta abierta a la esperanza de forma muy oscura

Hay un intento de abrir una puerta a la esperanza. No es una novela optimista porque yo creo que el optimismo es un sinónimo de ingenuidad. La novela refleja lo que yo veo, dejando esa puerta a la esperanza a través de personajes como Ulises, ese pseudo personaje de Greta Thunberg, del personaje de los niños y a través de ese sonido extraño que entra por la noche y barre la ciudad.

¿Cómo ha sido el proceso de escritura de este libro?

No tenía un plan de la forma que iba a tener la novela. No escribo con un guion. Yo escribo personajes, voy creando las historias para cada uno de ellos y las historias las voy entrelazando. Al final decidí esa estructura porque parece que los personajes no tienen relación entre ellos, pero el lector se va dando cuenta que sí. Al principio la novela es como un puzle y luego todo empieza a encajar.

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