Clara Sánchez: “Vivimos en dos realidades: la física, sometida a la materia, y la mente, donde habitan nuestros deseos”
Hay verdades que no se revelan a plena luz, sino en los pliegues más oscuros de la cotidianidad. Con esa mirada incisiva para desentrañar lo que se esconde tras la aparente normalidad, Clara Sánchez regresa a las librerías con Lo inexplicable, una obra atrapante donde el misterio, la fragilidad de las relaciones humanas y las grietas de la memoria se entrelazan con la precisión quirúrgica que la caracteriza. Nos sentamos a conversar con la autora sobre las obsesiones que articulan esta última novela, la búsqueda de lo invisible y cómo lo cotidiano puede transformarse, en cuestión de segundos, en un territorio del todo impredecible.
¿Cómo ha sido para ti crear y contar esta historia?
Me lo he pasado muy bien. Luego ha sido muy reconfortante y he hablado de los asuntos y de los temas que a mí, ahora, me apasionan. Siempre ha sido así y en todas mis novelas ha aparecido como ese punto, podemos llamarlo sobrenatural, pero en realidad es como la visión de las realidades de otro ángulo. Porque, claro, nosotros, la sensación que yo tengo es que vivimos en dos realidades. Por una parte, nuestro cuerpo que está muy sometido a las leyes de la materia y por otra parte nuestra mente donde se anidan los deseos, los sueños, las inquietudes, la ambición.
Y eso vuela, digamos, en otra estratosfera diferente. Entonces, claro, nuestra existencia se combina de ambas cosas y digamos que en esa otra parte de los deseos, los sueños, de todo lo que no es tangible, pasan cosas e intuimos cosas que son inexplicables. Porque no se pueden someter, digamos, a una medición rigurosa, estándar, como puede ser la analítica de la sangre, ¿no?
Me ha sorprendido mucho la forma de escritura cuando te referías al pequeño Rafael, esos primeros momentos de él sin explicar qué es lo que está pasando al lector. Le has dado mucha fuerza a la estructura de la novela
Sí, era complicado, pero en realidad te diré que fluyó bastante bien. Porque por una parte está Alicia, que nos está contando todo eso que ocurre y que a ella le crea mucha incertidumbre, porque no sabe si es real, si no es real, si es fruto de su imaginación. Por lo que decía antes, porque estamos muy sometidos a nuestra imaginación, que nos crea obsesiones, fobias, deseos, amor, etc.
Y por otra parte, Hugo, que no voy a decir exactamente quién es, pero que nos habla desde otro plano, desde un plano donde se hacen las preguntas trascendentales que a todos nos interesan y nos atenazan. ¿Qué hago yo aquí? ¿Realmente qué soy? ¿Qué queda de mí? ¿Qué importancia tengo yo? Y sobre todo, ¿estoy solo? ¿Estoy perdido? Y no comprendo nada. Y digamos que es precisamente Hugo el que más nos expresa a todos.
Porque yo creo que todos vivimos como en el plano de Hugo. Nos sentimos solos, nos sentimos perdidos, no sabemos qué pintamos en este mundo, tenemos ambiciones, pero a veces ambiciones desmedidas, que no van a ninguna parte. Nos preguntamos por la soledad, por el amor, todas estas preguntas trascendentales que se hacen y que nos hace Hugo. Y luego, claro, como la vida, porque digamos que la novela parte del hecho real de que nuestra vida, la vida humana, es que es extraordinariamente breve.
No quiero ser un aguafiestas, pero es que vivimos muy poco. El que más vive, el más viejo del mundo, 120 años, que eso no es nada. Y además, a ver en qué condiciones. Pero no nos da tiempo a casi nada. A mí me llama la atención esta gente que quiere acaparar tantísimo dinero, tantísima riqueza. Es algo absolutamente descabellado, porque es que no les va a dar tiempo a disfrutarlo. O sea, es absurdo.
Entonces, para mí esta novela, a través de una historia sencilla, porque claro, ahí me planteo cuestiones de fondo, pero cuestiones de fondo que se las hacen, que las verbalizan personas corrientes y molientes. No son filósofos, no son profesores, son personas normales, a las que les está ocurriendo algo extraordinario de lo que no son conscientes, pero que se ven inmersos, digamos, en una existencia llena de incógnitas.
Alicia es un poco la que nos guía a través de esta historia donde ella misma va aprendiendo y conociendo todo lo que tiene alrededor
Sí, ella va aprendiendo y va cuestionándose cosas que antes no se planteaba de la mano de Rafael, que es un niño aparentemente un poco extraño que la está llevando de la mano a un mundo desconocido.
Y en ese camino, que a ella le está resultando fascinante, se está preguntando muchas cosas, sobre todo si realmente lo que ella siente y lo que ella está viendo respecto a este niño es real o es fruto de su imaginación.
Nosotros tenemos dos condicionantes extraordinariamente fuertes, lo digo desde mi experiencia, que es la de nuestro frágil cuerpo, nuestro cuerpo físico, pero luego de la imaginación que es la que le da forma a nuestra vida. Y ahí entra todo, ahí entra lo que es más concreto, lo que puede parecer más absurdo, lo que puede parecer sobrenatural, ahí entra todo.
El hecho de poner a Rafael desde pequeño ya con esa sensación, ¿cómo ha sido crearlo?
Sí, sí, quería que estuviera experimentando todo eso. Luego lo olvida, claro, porque si no sería… Pero es el niño que tiene algo, una intuición que le arrastra a querer saber ciertas cosas.
Hay una muy buena narrativa que hace que no pares de leer y, además, que lo hayas escrito como en primera persona de singular
Sí, eso me interesaba mucho porque tenía que ser alguien, en el caso de Alicia, alguien que estuviera viviendo todo esto y que le creara incertidumbre. O sea, que le hiciera preguntarse, vale, estoy viendo esto, pero para empezar no se lo puedo contar a nadie porque nadie se lo creería. Me dirían que estoy un poco para allá.
Y luego, por otra parte, tengo que descubrir si hay algo de verdad en todo esto. Es decir, es una novela, en el fondo, digamos, es un policíaco psicológico, es un policíaco metafísico, como me ha dicho algún lector.
Intriga y suspensa porque hay cosas que uno quiere averiguar, que quiere saber si es verdad, o si no es fruto de su fantasía. Aquí también tiene un peso importante la fe
Hay una parte de nuestra vida, una parte muy importante, que se basa en la fe, pero no solamente en la fe religiosa, sino en la fe en los demás, en la fe en que lo que te cuentan es verdad, en la fe en tus seres queridos. La fe es muy importante y luego se culmina, claro, con la fe religiosa, con que hay, digamos que ya nuestras inquietudes las volcamos como hacia un ser o seres superiores que nos pueden dar respuestas.