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Multitud de ritmos y colores en la primera jornada del Festival Río Babel

Kase.O durante su actuación en el Festival Río Babel. Foto: ALDARAZN

El mes de julio llega a Madrid con uno de los festivales más esperados por todos, el festival Río Babel. Como siempre una fecha que nosotros no nos podemos perder. Este año el festival tiene algunos cambios como que ya no se celebra en la Caja Mágica y hemos tenido que irnos hasta el Auditorio Miguel Ríos en Rivas Vaciamadrid. Y, el segundo cambio es que este año la música se reduce a dos días en vez de tres.

Reyna Tropical dio el pistoletazo de salida a este festival convirtiendo la tarde en una ceremonia de ritmos afrocaribeños, electrónica orgánica y mensajes que calan. Su sonido fue como una caricia caliente. A pesar del calor, Bacilos tomaron el relevo para llevarnos directos a una emoción colectiva. Clásicos como «Mi primer millón» o «Tabaco y Chanel» desataron los primeros grandes coros de la jornada, pero fue «Caraluna» la que se impuso como el himno absoluto: cientos de voces al unísono, en un momento de comunión que trascendió lo musical. Pero hubo más: un momento especial junto a Timo, que se subió al escenario para aportar frescura, ritmo y una complicidad que traspasó. Su química funcionó y nos regaló una de las imágenes del día.

Una de las voces que más ganas teníamos de ver en directo dentro de esta primera jornada del Festival Río Babel fue la de Lia Kali que salió al escenario como un huracán ofreciendo uno de los directos más intensos. La artista catalana demostró que se puede ser vulnerable y poderosa a la vez. Su voz, entre el soul y el R&B, y sus letras, crudas y poéticas, dejaron al público en silencio más de una vez. No es fácil lograrlo en un festival, pero ella lo hizo demostrando por qué es una de las jóvenes promesas en la escena urbana.

Mr. Kilombo inauguró el escenario Ambar. Con una sonrisa iluminadora, Miki y su banda refrescaron el ambiente con su mestizaje, alegría, y ese don para hacer que el buen rollo sea contagioso. Poco después llegaron los californianos Cypress Hill entraron en escena con la fuerza de una leyenda que no se resigna a vivir de glorias pasadas. Lo suyo fue un vendaval de bajos profundos, beats afilados y actitud. “Insane in the Brain” fue un punto de ebullición, pero también supieron dosificar, colar temas menos previsibles, jugar con las transiciones y mantener al público en vilo.

Rawayana apareció como un soplo de groove necesario. Con un sonido tan pulido como relajado, la banda venezolana fue llevando al público a su terreno, donde entre fuego, láseres y confeti, el reggae se mezcla con funk, pop alternativo y una actitud luminosa.

Entrada la noche fue el turno de Caravan Palace que desplegaron su elegante locura sonora en el tercer escenario del festival. El electro-swing francés fue un torrente visual y rítmico que sacó las últimas energías de quienes aún podían bailar. Violines, beats electrónicos y estética retro-futurista convirtieron el escenario en una fiesta de otra época… o de todas a la vez. Un torbellino de buen rollo y energía para que lo estaba por llegar.

Si teníamos ganas de ver a Lia Kali todavía teníamos más de volver a disfrutar de Kase.O en los escenarios. La tierra está claro que tira siempre. El momento en el que el rapero apareció sobre el escenario la noche se transformó. Más allá de su clásico repertorio donde siempre se pueden encontrar las joyas de ayer y siempre lo que ofreció fue totalmente una experiencia espiritual. Repasó toda su trayectoria entre reflexiones, versos como dardos, y una tremenda honestidad ante una marea de gente. El cantante lanzó mensajes sobre salud mental lo que hizo que el público todavía conectara más con él. Dentro de este show donde no faltó la buena música tampoco, lo hicieron las sorpresas trayendo a los Violadores del Verso para acompañarlo durante algunas canciones.

Para terminar con esta jornada, nos pasamos a disfrutar de Los Amigos Invisibles que convirtieron el espacio en una auténtica fiesta. Su funk caribeño, su humor y su groove inagotable cerraron el día con una sonrisa colectiva.

Un primer día por el Festival Río Babel donde la música no tuvo fronteras, donde cada artista aportó su universo y todos hicieron de este día algo inolvidable. Ya se dice que la música no tiene fronteras, ni entiende de idiomas. El Río Babel apostó por un formato nuevo con estos grupos y, siendo sinceras, a pesar de que no las teníamos todas con nosotras cuando íbamos los grupos nos han parecido de lo más interesante. ¡Veremos que nos espera la segunda noche!

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