“El buen patrón”, una ácida comedia con un enorme Bardem
León de Aranoa se ha superado con su última película llevando a Bardem a otro de los papeles de su vida donde mimetiza tanto la pose de jefe poderoso con su vis cómica que no desmerece para manda a su multipremiada interpretación dramática.
Es, por supuesto, una comedia panfletaria, pero desde una amargura y una maldad que hacen que no se atraganten los momentos más sindicalistas. De hecho, el guión es de manual, perfectamente equilibrado y simétrico, como le habría gustado a su protagonista, y con una retranca que no se abandona en ningún momento. Como retrato de los vicios del empresariado de provincias y de cierta corrupción de baja intensidad que sigue vigente, funciona a la perfección.
Javier Bardem, con un papel a medida, es una gran parte de ese éxito previo, adaptando voz y expresión corporal para mimetizarse con un personaje que consigue hacer reflejo de muchos tópicos sin caer en la parodia. Sin él, sencillamente, no habría película.
Los tejemanejes de Blanco van desde el paternalismo irritante e hipócrita en el día a día hasta la corrupción o el soborno más o menos directos. A la película no le interesa ser políticamente correcta, pero tampoco especialmente faltona. Se trata de que el personaje principal quede retratado en su miseria moral por tierra, mar y aire y ahí se ponen todos los esfuerzos.
El director se ha centrado mucho en crear a Blanco como un personaje muy carismático al que se quiera seguir para ver cómo se cae con todo el equipo, que se olvida de que haya algún personaje medianamente importante con el que identificar al público. Sus obreros, becarias y demás ralea, aunque tampoco caigan en el tópico absoluto, no llegan a ser verdaderos personajes que sirvan para dar cuerpo a las «víctimas» de los verdaderos Blanco de la vida. Aunque es todo tan cafre que se acaba perdonando. Y actores como Celso Bugallo ayudan.
Del Buen Patrón podemos asumir que es una gran comedia basada en un actor protagonista detestado que se lo pasa en grande. Antes de empezar en cuanto al contexto económico que quiere reflejar, pero muy acertada en la descripción desde el humor negro de perfil de gestor y explotador. Una burla en toda regla al señor, al cuñado de provincia que se cree «hecho a sí mismo» cuando solo tuvo que ir a firmar al notario y vive de las rentas.




























